TESTIMONIOS

Yo, ahora, soy simplemente, una persona que no bebe, otra como tantas otras personas que, al igual que yo, no beben.

Una persona igual que las demás personas abstemias; igual no, con una pequeña diferencia: Yo no bebo por que he bebido tanto y tan mal, que ya no sirve para disfrutar, ni tan siquiera para olvidar, que no me sienta bien ni lo puedo controlar, sino que es el alcohol el que me controla cuando lo consumo.

Doy gracias al motivo que me ha traído a este punto de reflexión y decisión, doy gracias a esa mala fortuna, a las que nunca quisiera olvidar, por que me permitió conservar la vida, y con ella, la oportunidad de poder vivirla de otra manera.

Si, esto también me diferencia del resto de las personas que no beben: tengo la oportunidad de descubrir una nueva vida, la ilusión de empezar de nuevo, de conocerme sobrio, cosa que los demás abstemios ya conocen; o quizás no, ya que no todos han tenido la curiosidad, la necesidad de ello como tengo yo en estos momentos.

Una curiosidad que se convierte en vital necesidad para conseguir mi objetivo: seguir sobrio todos y cada uno de los días de mi vida y así, hacerlos mejores, y poder sentirlos tal y como son para poder disfrutar de ellos todo lo que la vida, mi vida, me permita.

Y, así, a ratos feliz.

Se que suena fácil así leído, y llevarlo a cabo no me ha resultar tan sencillo. Lo sé, pero con ilusión y un poco de esfuerzo podré lograrlo.

            Una ilusión que hay que poner a la vida para que el tedio no se haga su protagonista, una ilusión que la vida pide para poder ser tal vida, sea
cual fuere la circunstancia personal de cada uno; alcohólico o no.

Hablaba de lo que pensaba y aún, inspirado por la lucidez, sigo pensando. Hablaba de lo importante que es para mí el no perder la ilusión para poder conservar esta sensación tan placentera como es estar sereno. La ilusión y un poco de esfuerzo decía y sigo diciendo son necesarias para poder dejar de beber; para poder gobernar mi vida y llegar a buen puerto mientras disfruto de la travesía.

Si, la ilusión, el esfuerzo y algo que omití: La ayuda de las terapias sin las cuales no lo estaría consiguiendo, pues ya lo intenté solo y no llegué muy lejos. Fui a parar tan cerca de la orilla que una ligera brisa me devolvió al puerto del que partí.

Esta travesía necesita de algo más que la propia ilusión y la capacidad de esforzarse: y es la ayuda que desinteresadamente me ofrece esta asociación AEE (Asociación de Ex-alcohólicos Españoles), a la cual doy las gracias sin olvidarme de todas y cada una de las personas que lo hacen posible: veteranos y menos veteranos, psicólogos y moderadores, a todas sus experiencias vividas y contadas y muy especialmente a la persona que recogió mi SOS en el contestador y después me llamó. Persona a la cual, no sin rubor, pues sé leerás esto, reconozco como uno de los seres humanos más entrañables que he conocido, y que a petición suya me llamó Rafa, después de recriminarme por referirme a él como Don Rafael.

Hablaba al principio de la sensación placentera que es estar sereno. Y es que, después de tanto tiempo metido dentro de una botella como un genio desencantado, dentro de una papelina como un boquerón con su harina y todo listo para ser frito, la serenidad me envuelve en un estado que me está gustando más que el que experimentaba en mis días de consumo y hace que aquél no lo desee, que sea esto lo que deseo sentir mejor que estar embriagado o resacoso.

Sé que hay escepticismo con los alcohólicos que, como yo, llevamos poco tiempo en tratamiento, y lo entiendo hasta el punto de ser yo el primero en desconfiar de mí. Aun así escribo esto que siento a día de hoy cumplidos poco más de dos meses sin beber, ni tomar cocaína: sereno.

Y la verdad, "esto es color", lo dice una persona que lleva bebiendo y drogándose desde los 16 años, y en los últimos 20 de mis 43 nunca he estado tanto tiempo sereno.

Gracias, Rafa, por inventar AEE, llegué llorando y pidiendo auxilio y heme aquí escribiendo esto que jamás pensé escribiría.

Hoy por hoy tengo cosas que arreglar dentro de mí, casi todas rotas por el alcohol, pero sé que por este camino todo lo malo vivido será un vago recuerdo que sólo usaré para saber lo que no quiero volver a vivir.

Un cordial saludo de un alcohólico en recuperación.


 


 

 

Antes de contar mi experiencia, quisiera leer algo, especialmente dirigido a las personas que acaban de empezar el tratamiento, pero que sin duda es aplicable a todos. Lo leí en un artículo, pero lo he oído en terapia una y otra vez, y lo leo cada mañana porque me ayuda, dice así:

“Cada día encierra una oportunidad para romper nuestros propios limites, alejarnos del puerto conocido, coger el viento en nuestras velas para explorar y descubrir. Demos pues el primer paso, no es necesario que veamos todo el camino, tan solo demos ese primer paso y veremos como los demás seguirán de forma natural”.

Justo 4 días antes de hace hoy un año, celebré mi cumpleaños en el hospital, entubada, frágil y bajando vertiginosamente los pocos peldaños que me separaban de la muerte. Ese día mis familiares, en concreto mis 3 hermanas, también bajaban esos malditos peldaños, por el sufrimiento y la impotencia al no poderme ayudar, desoladas, por no agarrarme a ninguno de los múltiples cables que me lanzaban, y por el dolor consciente de que me estaba yendo por no saber como pisar el freno.

Mi aterrizaje en el hospital fue un SOS, no tenía ni la menor idea de como pedir ayuda, me sentía incapaz de hacerlo con palabras, ¿como podía jurar otra vez mas que no volvería a beber? Quien me creería, si la primera que no creía ni quería creer era yo. Qué terrible y agresiva forma de pedir ayuda, pero mi cabeza perturbada por el alcohol me decía que así lo harían los demás por mi, como había sucedido siempre hasta aquel día, pero esta enfermedad es muy complicada, no habían pasado ni 4 horas de mi salida del hospital, recogida por mis hermanas, con todo el amor, calor y comprensión, cuando escape de nuevo a beber, que contradicción, pero el peso de mi familia, el querer que me viesen bien, la presión que yo sentía me llevaba a beber, ¡que dolor! ahora si que me encontraba en el fondo del pozo, deseando con toda mi alma quitarme de en medio. Sin embargo, ironías del destino, pero hoy no sabéis lo que me alegro de haber tocado aquel fondo, ya que a partir de ahí empecé mi camino hacia la superficie, mi camino hacia otra vida.

Una mano hermana y amiga, con nombre propio - Mar- llamó a la asociación. Creo que aún no es consciente del regalo que me hizo, ya que en aquel momento de extrema debilidad física y mental, quizás hubiera dejado pasar la oportunidad. Aunque aquí digamos que uno se puede curar, con la familia, sin la familia y a pesar de la familia, de alguna forma creo que el primer paso, en un porcentaje alto, lo da alguien por nosotros.

El siguiente paso fue “subir las escaleras” –como decimos aquí- asiéndome de cada brazo unas muletas llamadas Mar y Fátima. Subí con mucho miedo, pero entregada, yo también estaba harta de vivir en el infierno. No sé si llamarlas las escaleras de la vida, pero afirmo con rotundidad que son las escaleras de la libertad, y esa libertad tan sumamente gratificante, tan codiciada y que tan bien suena, no es un camino de rosas, tiene su gran parte de renuncias, de incomprensión, de falta de conocimiento y de dudas, al fin y al cabo, cuando llegamos aquí, todos sabemos que tenemos problemas con el alcohol pero cuesta mucho, insisto mucho, aceptar que uno es un enfermo alcohólico, así como a los familiares les cuesta mucho comprender su co­adicción y desvincularse del enfermo, algo fácil de decir pero muy duro de llevar a la práctica, busco independencia, pero después de tantos años, con conductas repetitivas, es difícil soltar amarras por ambas partes y que familiares y enfermos naveguen juntos pero cada uno en su barco.

Hoy hace un año que me separé del alcohol, mi compañero de risas eufóricas, llantos incontrolables, fatigas, episodios patéticos y viajes al borde del precipicio, pero aun así yo lo amaba, tanto lo amaba que hasta le cambie el nombre, Alfredo, y Alfredo me daba todo lo que le pedía, me ayudaba a galopar desbocada huyendo del conocimiento de mis debilidades, sin preguntas, sin reproches, e invitándome una y otra vez a fundirnos en un solo ser y a beber los licores del infierno, ocultando así mis propias emociones, cegando mi espíritu y dejándome llevar por la galerna del mas entendido placer, creyendo así desahogar el ahogo de ahogarme en ese maléfico néctar con el fin de olvidar.

De olvidar que no era perfecta y sublime, de negar que existían miedos fluyendo por mis venas, pero Alfredo, enterraba todos y cada uno de los episodios que obligaban a mi mente a pasear por las orillas de la reflexión, por tanto, era mi verdadero amor, el eje de mi vida, mi amor cinco estrellas, mi amor inmortal, el amor que conducía mi vida y al cual estuve a punto de entregársela.

Hoy sé que está presente y que tengo que vivir con su inmortalidad, pero hoy tengo claro, que no quiero amor de lata, de esa que se bebe, se derrame y se desperdicia, de esa que no sabe dominarse y que intoxica mi cuerpo y mi mente.

Creo que estoy haciendo un buen trabajo, pero la ayuda para mi ha sido de vital importancia, algo que durante toda mi vida he rechazado y al aceptarla, las cosas han cambiado y por ello quiero dar gracias.

Gracias a Rafael por fundar la asociación, por hacer que siga existiendo, y por la labor que desde hace muchos años se esta llevando a cabo, a Pepe, Jordi, a Pepa, Pilar, Julio, José y a todos los que forman parte activa de la misma, porque están ayudando a muchas personas, enfermas como ellos, aún contando con pocos medios económicos, pero con todo su apoyo hacia enfermos y familiares, empezando porque la asociación, al contrario de otros tratamientos está al alcance de todos.

A todos mis compañeros, porque con sus testimonios, he comprendido que soy una enferma alcohólica, y porque me han regalado una gran caja de herramientas para utilizarlas y hacérmelo fácil en este proceso, porque me han enseñado que el conocimiento no es nunca lo que uno se espera y que cada paso del aprendizaje es un atolladero, pero que todo pasa…….

A Silvia, Sonia y Carlos, por guiarme en este proceso, por enseñarme a llorar, a no creerme débil o cobarde por tener ganas de beber - es natural - soy una enferma alcohólica. Por ayudarme a irme descubriendo, con el placer y el dolor que ello supone, por ayudar a mis hermanas a comprender que es una enfermedad de enfermos y familiares, y por enseñarme a escuchar, descubriendo así que escuchar construye puentes, el puente de la comunicación, y que trabajarse un camino interno es de primordial importancia. Curarse del alcoholismo no consiste solo en dejar de beber.

A Paloma, Mar y Fátima, porque siempre habéis estado ahí de forma incondicional, aunque yo os abandonara una y otra vez, por aguantar durante este año mis tirones, en ocasiones violentos y agresivos, y mis palabras confusas e hirientes, al fin y al cabo estoy aprendiendo a vivir sin beber, y todavía me siento como una adolescente atrapada en un cuerpo 43 años, pero creciendo un poco cada día, cabalgando al paso. Sois mis me­jores amigas, porque vuestro amor es puro y verdadero y no tengo palabras para expresarlo, pero si hechos y todos mis deseos de compartirlo por fin con vosotras.

A Charo y a Natacha por esas palabras de ánimo durante muchos años, olvidando cada episodio del pasado, y por dar calor, amor y desahogo a mis hermanas, en momentos para todas de mucha rabia, ira y dolor 

Por último, a todos y a todas por regalarme el pasaje para mi último tren, porque acepté el regalo, y tomé la decisión, mi gran decisión. Me subí al tren, arranco rápidamente y cobro velocidad, y su retumbo me recuerda cada día que no puedo olvidar lo que soy. Es un tren de largo recorrido, con infinitas estaciones, donde bajarse a reflexionar en sus estaciones, es el tren de mi vida, con lo bueno y con lo malo, es el tren de la libertad, pero también del miedo y de las dudas, pero es mi tren, el cual estoy empezando a conducir, y en este largo viaje, hoy por hoy y mañana por pasado y pasado por el otro…………, de este tren yo no me bajo.

Gracias a todos por escucharme una vez más y Feliz cumpleaños!

                                                                                                            Espe.