El alcoholismo es una enfermedad
.
.Es
muy frecuente que los alcohólicos que vienen a la consulta nieguen serlo.
A veces, su familia está destrozada, han perdido el trabajo, presentan
mil trastornos (náuseas, temblores, falta de apetito, etc.) por culpa
del alcohol y, a pesar de todo niegan ser alcohólicos.
. .¿Por
qué no aceptan la palabra alcohólico? ¿Qué pasa con esta palabra?
. .
En primer lugar, pasa que tiene una gran carga emocional. La palabra
alcohólico es casi un insulto. Y a nadie le gusta que le insulten.
¡Demasiado sabe el alcohólico que lo que a él le pasa es que bebe en
demasía! Pero si encima viene alguien y le suelta la palabreja en cuestión,
el alcohólico reacciona generalmente de mala manera. Y es que el alcohólico
se siente culpable por serlo y, al decirle que lo es, lo que hacemos
es hurgar en su herida, hacerle daño. Y, claro, él reacciona con una
violencia proporcional a su dolor.
. . Pero, sin embargo, hay que decírselo,
porque es menester llamar a las cosas por su nombre. Al alcohólico hay
que decirle que lo es. Pero, al mismo tiempo, hay que hacerle ver que
él no tiene la culpa de serlo y que no debe sentir vergüenza alguna.
. .¿Por qué?
..
Pues porque
el alcoholismo no es una cuestión moral. El alcohólico no es un canalla
ni un mal hombre. El alcohólico es un enfermo. El alcoholismo es una
enfermedad.
. .
Se me dirá que el alcohólico no trabaja, que pega a su mujer, que se
vuelve brutal y egoísta, que se destroza a sí mismo y a los suyos, y
que quien hace eso es porque es un sinvergüenza. Pero las cosas no son
tan sencillas. Todo eso que hace el alcohólico (y más) no lo hace él
libremente. Todo eso es consecuencia del alcoholismo. Muchas
personas que padecen otras enfermedades también se vuelven brutales
y dejan de trabajar y destrozan su vida. Pero comprendemos que son enfermos
y que no actúan libremente. ¿Acaso diríamos que un tuberculoso es un
sinvergüenza? A ver qué les parecen estas frases, puestas en la boca
de la esposa de un tuberculoso:
. .
-Mire
usted, doctor, esto ya no hay quien lo aguante. Ya ni trabaja, se pasa
el día en la cama, estamos en la miseria. En cuanto lo dejo solo, se
me pone a escupir sangre el muy sinvergüenza. ¡Y a pesar de que sabe
que me hace sufrir, no para de toser!
. .Le parecen
absurdas, ¿verdad? Está clarísimo que el tuberculoso es un enfermo y
no tiene la culpa de toser. ¡Qué más quisiera él! ¡Qué más quisiera
que reintegrarse a la sociedad! ¡Qué más quisiera que el respeto y el
cariño de su familia!
En
qué consiste ser alcohólico
..Aparte
de la carga emocional de la palabra alcoholismo, hay una gran falta
de información sobre lo que es dicha enfermedad. Los alcohólicos, avergonzados,
se niegan a que les cuelguen la etiqueta humillante y siempre encuentran
razones para demostrar que ellos no son lo que se les dice:
. .-¿Alcohólico
yo? ¡Si no me he emborrachado en mi vida!
.
.-¿Alcohólico
yo? ¡Si lo fuese, no podría desempeñar un cargo de responsabilidad como
el mío!
.
.-¿Alcohólico
yo? ¡Estuve un mes en el sanatorio y no eché de menos la bebida!
. .E incluso:
. .-¿Alcohólico mi hijo? ¡Si bebe
lo normal!
. .Hasta el alcohólico hundido,
destrozado, vagabundo, pordiosero, conoce a otros que están aún peor
que él:
.
.-¡Esos
sí que son alcohólicos! Yo no. A mí sólo me gusta tomar unas copitas...
. .-¿Qué es, pues, ser alcohólico?
..
¿Es tener náuseas y temblores, estar enfermo del hígado, faltar al trabajo
y pelear con la esposa? No. Estas son consecuencias del alcoholismo,
pero no el alcoholismo en sí.
. .
Efectivamente, el alcohólico bebe alcohol, suele beber demasiado alcohol
y a menudo se emborracha. Pero hay personas que beben alcohol, que beben
mucho alcohol y hasta que se embriagan a menudo y no son alcohólicas.
Lo característico del alcohólico es que no se puede quitar de beber
o, como decíamos, que ha perdido la libertad de poderse abstener del
alcohol. ¿Qué quiere decir esto? Veámoslo.
. .
Una persona que no sea alcohólica tiene libertad para beber o para no
beber. Una persona normal domina al alcohol y nunca pierde las riendas
de él. Si se tercia, bebe; si no se tercia, no bebe. Bebe cuando su
voluntad le permite beber, cuando su conocimiento se lo autoriza.
. .
En cambio, el alcohólico ha perdido las riendas del alcohol. Ya no es
él quien manda, sino el tóxico. El alcohólico -aunque a menudo trate
de engañarse a sí mismo- sabe que debería dejar de beber, pero no puede.
Aunque comprende que le hace daño, está prisionero en el mundillo del
alcohol y es impotente para salir.
. . Naturalmente, el alcohólico suele tratar
de engañarse a sí mismo y lo consigue con bastante frecuencia:
. .
-¿Quién dice que yo no puedo dejar de beber? ¡Yo dejo de beber en cuanto
quiera! Lo que pasa es que no veo ninguna razón para dejarlo.
. .
Se hace así ilusiones de que él bebe porque quiere -cuando, en realidad,
bebe porque no puede evitarlo- y acalla la voz de su conciencia que
le dice:
. .
-Eres
un esclavo.
. . Para que se entienda bien lo que es
un alcohólico, voy a poner un ejemplo muy fácil. El alcohólico es al
alcohol lo que el fumador es al tabaco.
. .También
el fumador ha perdido la libertad de no fumar. También el fumador fuma
obligado por su propio deseo invencible. Tampoco el fumador puede vivir
sin tabaco.
. .
Entonces, ¿por qué el fumador no se avergüenza de serlo? ¿Por qué la
palabra fumador no suena a insulto?
. .
La diferencia radica en la índole de las complicaciones. El tabaco también
tiene complicaciones graves: puede favorecer el cáncer y el infarto
de miocardio. Pero el tabaco nunca degrada moralmente a la persona,
nunca la humilla, nunca la destroza socialmente. El fumador puede morir
por culpa del tabaco. Pero muere siendo un hombre. El alcohólico, en
cambio, antes de morir, pierde la moral, se degenera, se convierte en
un ser odiado hasta por sus hijos. Y cuando muere al fin, no es un hombre,
sino una piltrafa humana.
Cómo
se hace uno alcohólico
.
.Hay
dos grandes grupos de alcohólicos, en cuanto al origen de su enfermedad.
.
. Los primeros
son personas atormentadas, angustiadas o deprimidas o personas que han
sufrido graves penalidades o disgustos en la vida. Estas personas observan
que , cuando beben, el alcohol les da alegría y se olvidan de sus problemas.
Y, por lo tanto, cada vez recurren a él con más frecuencia para buscar
alivio. Hasta que por fin llega un momento en que, sin saber bien cómo,
ya no se pueden pasar sin alcohol.
. .Los segundos,
en cambio, no han empezado a beber porque tuvieran problemas, sino,
sencillamente porque todo el mundo bebe. Desgraciadamente es muy frecuente
en nuestra patria que den vino (o quina) a los niños, los cuales se
acostumbran a beber alcohol desde la infancia y luego no pueden dejarlo
nunca. Otros empiezan a beber en la adolescencia. Son jóvenes normales,
sin problemas, que beben por alternar con amigos o compañeros. Poco
a poco van bebiendo hasta que llega un momento en que no pueden prescindir
de alcohol. En España, donde se consume una cantidad terrible de alcohol
en todas partes y a todas horas, la mayor parte de los alcohólicos pertenece
a este grupo.
.
.En
otras palabras, los primeros dependen psiquicamente
del alcohol. Los segundos tienen un tipo de dependencia física.
Pero, con el tiempo, los dos tipos de alcohólicos acaban por depender
a la vez psíquica y físicamente del alcohol.
. .Me explicaré:
.
.La
persona atormentada que bebe para aliviarse, lo hace por motivos psicológicos.
Por eso decimos que su dependencia del alcohol es de tipo psíquico.
. .Pero
un detalle que se olvida muy a menudo es que el alcohol es un tóxico
que produce hábito.En términos médicos, la palabra hábito
tiene un sentido algo distinto del corriente. Nosotros, cuando decimos
que un tóxico produce hábito, queremos decir que entra a formar parte
de una serie de ciclos metabólicos del organismo y que llega un momento
en que éste lo necesita para poder funcionar.
.
.Es
lo mismo que sucede, por ejemplo, con la morfina. Si empezamos a poner
morfina a un sujeto normalísimo, llega un momento en que éste la necesita
porque se la pide el cuerpo y, si
le falta la droga, se encuentra físicamente mal. Con el alcohol
pasa igual. El joven normal que bebe porque el único sitio que hay donde
alternar es el bar, acaba por introducir el alcohol en su metabolismo.
El alcohol se convierte en un ingrediente necesario para su vida orgánica.
Y, cuando le falta, se encuentra mal, tiene temblores y náuseas y se
ve obligado a beber de nuevo para volver a su estado normal.
. .Pero, como
es natural, esta necesidad física se refleja en sus deseos psíquicos
y por eso digo que la dependencia física del alcohol acaba por dar lugar
también a la dependencia psíquica.
.
.Y
al contrario, el que bebe por alegrarse también
acaba por habituar su organismo al alcohol y, por lo tanto, a necesitarlo
físicamente.
. .Ahora se
ve con toda claridad que el alcohólico no es un sinvergüenza, sino un
enfermo.
Tipos
de alcohólicos
.
.En
líneas generales, así como hay dos caminos que conducen al alcoholismo,
hay también dos tipos de alcohólicos. Pero como, al final, los dos caminos
se encuentran, hay un tercer tipo de alcohólicos que es la síntesis
de los dos anteriores y que constituyen el último grado de alcoholismo.
.
. El
alcohólico del primer grupo es el que empieza a beber por motivos psicológicos
personales. Este sujeto no necesita beber todos
dos días y, naturalmente, cuando le decimos que es alcohólico,
pone el grito en el cielo y dice que él no lo es porque se puede pasar
días y días sin beber. Esto es cierto. Pero también lo es que hay determinados
días en que se ve impulsado a beber aunque no quiera. Este tipo
de alcohólico suele ser un alcohólico intermitente o periódico, que
habitualmente no bebe, pero que , en cuanto se toma una o dos copas,
se descontrola y no puede dejar de beber hasta llegar a la embriaguez
completa. A menudo empalma una borrachera con otra y se pasa así unos
pocos días, al cabo de los cuales se encuentra al fin <descargado>
de sus angustias, deja de beber y reanuda su vida normal.
. .Este alcohólico
intermitente tarda mucho en alcoholizarse.
.
.Tengo
que señalar aquí que no es lo mismo ser alcohólico que estar alcoholizado.
Ser alcohólico es sentir (siempre o de vez en cuando) una apetencia
irreprimible por el alcohol. Estar alcoholizado es sufrir una serie
de daños a consecuencia del exceso de alcohol ingerido.
. .El
alcohólico intermitente, como he dicho, tarda en alcoholizarse. Cierto
es que coge unas borracheras terribles, pero también es cierto que luego
se pasa días y días sin catar una gota de alcohol, gracias a lo cual
su organismo se limpia, se depura y se mantiene en buena forma. En cambio,
lo corriente es que este tipo de alcohólico sufra graves complicaciones
sociales: que deje el trabajo o que lo echen, que cometa robos, crímenes
u otros delitos y que, por tanto, acabe en la cárcel.
.
. El
alcohólico del segundo grupo es el que empieza a beber por alternar.
Este sujeto no se suele emborrachar nunca o
casi nunca. Al beber todos los días desde niño o desde joven,
su organismo se acostumbra al alcohol y lo necesita, pero, al mismo
tiempo, lo aguante aún en grandes cantidades. Cuando decimos a estos
enfermos que son alcohólicos, también ponen, como los anteriores, el
grito en el cielo, diciendo que no es posible que ellos sean alcohólicos,
porque nunca se han emborrachado. Pero también es cierto que ni un
solo día de su vida pueden dejar de beber alcohol.
. .Se me dirá
que, según eso, en España hay infinidad de alcohólicos. Y yo responderé
que, en efecto, así es. En España, por desgracia, hay infinidad de alcohólicos.
Y, como he dicho, es éste el tipo de alcohólico que más abunda.
. .El
alcohólico que bebe a diario y no se emborracha se alcoholiza pronto.
No tarda en encontrarse mal cuando le falta el tóxico, en tener por
las mañanas temblores y náuseas que se calman cuando bebe alcohol. Y,
con el tiempo, acaba por tener graves lesiones de hígado, impotencia
sexual y celos patológicos. Estos enfermos no suelen acabar en la cárcel,
como los anteriores, sino en el hospital o en el manicomio.
. .Ahora
bien, como he dicho, los dos tipos descritos convergen en un tercer
tipo. El alcohólico que no bebe nunca, pero que cuando bebe se embriaga,
acaba por irse embriagando cada vez más a menudo. El que no se embriaga,
pero bebe a diario empieza a embriagarse y a embriagarse cada vez más.
Y al final, ambos tipos confluyen en un tercer tipo: el
alcohólico que bebe todos los días y que se embriaga todos los días.
Este es el último grado del alcoholismo y en él se da toda clase de
complicaciones a la vez.
. .Pero
hay un detalle muy importante que quiero señalar aquí: una vez que una
persona se hace alcohólica -cualquiera que sea el camino que haya seguido-
ya ha traspasado una frontera invisible. Ya es
alcohólica, ya ha perdido la libertad de beber o no beber.
Ya ha perdido las riendas del alcohol. Ya está esclavizada por éste.
. .Por
muy distintos que sean sus motivos o sus circunstancias, todos los enfermos
tienen en común su enfermedad: todos son alcohólicos.
Complicaciones
del alcoholismo
..Nosotros
dividimos las complicaciones del alcoholismo en tres grandes grupos:
mentales, corporales y sociales.
.
.
Entre las complicaciones mentales,
la más frecuente es la paranoia de celos. Al principio, los enfermos
empiezan a pensar, sólo cuando están bebidos, que su mujer les engaña.
Luego, poco a poco, aun sin estar bebido, el enfermo se muestra celoso
de todo el mundo, a veces hasta de sus hijos. Por fin el enfermo acaba
convencido de que su mujer le engaña -con uno o con varios- y, desde
este momento, se le debe considerar como un enfermo mental y además
como un enfermo mental peligroso, porque no es raro que atente contra
la vida de su esposa.
.
.Tiene
mucho interés destacar que los enfermos con celos suelen "dar la vuelta"
a la causa y al efecto y explicar que beben para olvidar que su mujer
les engaña, cuando lo que sucede es precisamente todo lo contrario:
creen que su mujer les engaña porque el alcohol les ha afectado el cerebro.
.
.
Pero, además de los celos, el alcohol puede producir toda clase de enfermedades
mentales. De ellas, las más características son la alucinosis alcohólica
y el delirium tremens.
.
.
En las alucionosis, los enfermos oyen voces terribles que los insultan
o amenazan. En el delirio ven monstruos, animales y seres terroríficos.
El delirium tremens es como una pesadilla horrible, pero vivida en la
realidad, es decir, estando el enfermo despierto. Es, a la vez, una
grave enfermedad corporal y hay muchos enfermos que mueren a causa del
delirium tremens. El algunas regiones españolas, el <delirium tremens>
se ha convertido en una causa muy frecuente de muerte.
.
.
Por último, el alcohol acaba por destruir la mente de los enfermos,
los cuales pierden su inteligencia y quedan como idiotas, reducidos
a una vida vegetativa.
.
. Las
complicaciones mentales, en realidad, forman un caso particular de las
complicaciones corporales, ya que el cerebro es un órgano como otro
cualquiera. Nosotros hemos comprobado que las complicaciones menteles
y corporales suelen darse juntas y se deben a la alcoholización, es
decir, al efecto del alcohol sobre el organismo.
.
.
Otras complicaciones corporales, que también afectan al cerebro, son
las hemorragias, los ataques epilépticos, etc. El cerebro es uno de
los órganos que más sufren a consecuencia del alcohol.
.
.
Pero el alcohol también ataca el resto del organismo. En el hígado produce
primero trastornos biliares y acaba por determinar una cirrosis hepática,
enfermedad que, una vez declarada, suele ser gravísima y a menudo mortal.
El estómago produce una gastritis, que tiene la culpa de que el enfermo
alcohólico pierda el apetito por completo. También produce neuritis
con dolores, calambres y, a veces hasta parálisis.
. .Otro
órgano muy atacado por el alcohol es el aparato genital. El alcohol
se fija en los testículos y actúa, como todos los tóxicos, produciendo
primero una excitación y luego una depresión funciobnales. Durante largo
tiempo, el alcohólico es un hombre muy excitable sexualmente que hace
el coito una o varias veces al día hasta que, de repente por regla general,
se vuelve impotente. Esta impotencia suele desaparecer cuando el enfermo
deja de beber, pero, si no lo hace, se vuelve definitiva, porque se
produce una atrofia de los testículos.
.
.En
general, puede decirse que no hay órgano al que no ataque el alcohol.
. .Las
complicaciones sociales dependen no sólo del alcohol ingerido, sino
también de la forma de beberlo, de la personalidad anterior del alcohólico
y de su situación social. Las más frecuentes son las riñas con la familia
y los trastornos en la esfera del trabajo.
. .
En general la esposa no soporta al marido embriagado, que además quiere
hacer uso del matrimonio a todas horas. Esto da origen a disputas agrias,
a las que se añaden los celos de él y los reproches de ella por el poco
dinero que entrega para la casa. Es frecuente que el hogar del alcohólico
acaba dividido y, a veces, separado totalmente y que el enfermo acabe
por granjearse incluso el odio de sus hijos.
.
.
En el trabajo, es corriente que el enfermo falte los lunes, porque está
con resaca, y que en el centro donde trabaja le llamen la atención varias
veces y terminen por echarle al fin. Otras veces es el propio enfermo
el que abandona su puesto de trabajo para evitar la reprimenda de sus
jefes. El caso es que, con mucha frecuencia, el alcohólico termina sin
trabajo o desempeñando puestos inferiores a su catagoría. Pronto asoman
la miseria, el hambre y, a veces los hurtos, la policía y la cárcel.
.
.
Otra complicación social frecuente es la riña. Hay alcohólicos que se
vuelven pendencieros e inmorales y suelen también acabar en comisaría,
juicios de faltas y cárcel.
.
. Pero
las complicaciones sociales también están muy unidas a las mentales
y a las corporales. En realidad, tanto unas como otras no son más que
facetas distintas de un mismo problema: el que plantea el hombre dominado
por el alcohol.
¿Se
cura el alcoholismo?
.
.Hasta
aquí he hablado de lo que es la enfermedad alcoholismo y de sus inevitables
complicaciones. Pero la medicina tiene una finalidad última: curar.
Si el alcoholismo es una enfermedad, debe caer en la jurisdicción
del médico. El alcohólico no es un canalla, sino un enfermo y, por
tanto, es al médico al que le toca tratar con él.
. .Pero ¿se puede
curar un alcohólico?
. .Sí y no.
. .Veamos
qué quiere decir esto.
. .Yo
siempre pongo a los enfermos un ejemplo: el del miope. Veamos el ejemplo
del miope.
. .Imaginemos a
un hombre que ve mal y que, a consecuencia de ello, sufre dolores
de cabeza y mareos. Un día va al oculista y éste descubre que lo que
tiene es miopía. Le receta unas gafas, el enfermo las empieza a usar
y desde entonces ve bien y no vuelve a tener dolores de cabeza ni
mareos. Pues bien, este enfermo ¿está curado o no?
. .-Hombre, si
ve bien y se encuentra bien, sí que está curado -se me puede decir.
. .Y
efectivamente lo está. Pero hay un pequeño detalle que quiero subrayar:
que tiene que usar gafas, que, si se las quita,
vuelve a encontrarse mal. Luego, en un sentido, ni se ha curado ni
se va a curar. Pero si ve bien y se encuentra bien, si se acostumbra
a llevar las gafas hasta el punto de que éstas no le molesten en absoluto,
¿qué más da que esté totalmente curado?
. .Lo
mismo pasa con el alcohólico. El alcohólico se cura porque se repone
física y mentalmente, porque se pone fuerte y come bien, porque no
le duele nada, porque se lleva bien con su familia y con la sociedad,
porque recupera la situación y la estima que había perdido, etc. En
una palabra, el alcohólico se cura
por completo de las complicaciones del alcoholismo
y vuelve a ser un hombre feliz.
. .Pero,
por otra parte, el que ha cruzado las fronteras invisibles del alcoholismo,
el que -por un camino o por otro- ha llegado a ser alcohólico, lo
será durante toda su vida. En este sentido,
el alcoholismo no se cura jamás. El alcohólico,
como el miope, tiene que llevar siempre puestas unas gafas: en el
caso de alcohólico, tales "gafas" consisten en
no beber una gota de alcohol.
. .De
este modo, el alcohólico será un alcohólico que no bebe (como el miope
será un miope que ve bien), será un alcohólico que se acostumbrará
a no beber y no echará de menos el alcohol (como el miope se acostumbra
a llevar gafas y se olvida de que las lleva).
. .El
alcoholismo, pues, vivirá aletargado en el alcohólico y no dará ninguna
señal de vida. Pero, en el momento en que vuelva a probar una gota
de alcohol, el demonio del alcoholismo despertará en su interior y
(como le sucedería al miope si perdiera las gafas) volverá a producir
las mismas complicaciones que antes -los mismos temblores, los mismos
celos, las mismas riñas- porque el alcoholismo propiamente dicho no
se cura jamás.
. .Del mismo modo,
si el fumador que se ha retirado del tabaco vuelve un día a aceptar
un cigarrillo, está condenado de nuevo a volver a fumar. Del mismo
modo, el fumador que se retira del tabaco siempre será fumador -eso
sí-, pero un fumador que no fuma.
. .Pues
bien, la misión del médico, en cuanto al alcoholismo, es convertir
al alcohólico que bebe en un alcohólico que no bebe.
¿Qué
hace falta para curarse?
. .Para
curarse del alcoholismo, lo único que hace falta es dejar de beber
alcohol.
.
. Pero,
claro, como el alcoholismo consiste precisamente en no poder dejar
de beber alcohol, resulta que para poderse curar es menester estar
curado ya. De modo que, dicho así, el remedio de esta enfermedad es
no tenerla, lo cual es absurdo. Pero yo voy ahora a intentar aclarar
este galimatías para que se vea que esta solución no sólo no es absurda,
sino que es la única posible.
.
.
El que realmente no puede salir del círculo vicioso de la enfermedad
es el propio alcohólico abandonado a sí mismo. Para que el alcohólico
dejase de beber por su propio esfuerzo haría falta que no fuese alcohólico
(o que tuviese una enorme fuerza de voluntad, lo que viene a ser casi
lo mismo). Pero desde el momento en que el alcohólico reconoce que
él es un enfermo y acude al médico, ya interviene un nuevo factor:
el propio médico, cuya primera obligación es precisamente romper ese
círculo vicioso. Lo que el alchólico no puede hacer por sí solo, sí
es capaz de hacerlo con ayuda de un tratamiento adecuado.
.
.
Analicemos ahora los elementos y las actitudes necesarios para combatir
el alcoholismo.
.
. Lo
primero y lo más importante que tiene que poner el enfermo de su parte
es su deseo consciente de curarse.
. .Es frecuente
en la consulta que acudan enfermos alcohólicos que echan la culpa
de sus males a todo menos al alcohol. Si tienen vómitos por la mañana
es porque fuman demasiado, si comen poco es porque siempre han sido
de poco comer, si se llevan mal con su esposa es porque ésta es insoportable,
si les echan del trabajo es porque los tiempos están muy mal, si les
duelen las piernas es porque tienen reúma, si les tiemblan las manos
es porque están intimidados por la presencia del médico. Al decirles
que todos esos síntomas que refieren son debidos al alcohol, contestan
categóricamente que no, porque ellos beben <lo normal> y lo
han bebido desde niños y nunca les han pasado estas cosas hasta hace
dos años. No comprenden, o no quieren comprender, que, a fuerza de
ir a la fuente, llega un momento en que el cántaro se rompe.
.
.-Pero
bueno, vamos a ver -suelo decir a estos enfermos-, ¿usted a qué ha
venido a la consulta?
.
.
-Yo -responden- porque se ha empeñado mi mujer. Pero a mí no me pasa
nada.
.
.
Estos son los enfermos que no se curan. Lo primero que hace
falta para curarse es desearlo conscientemente. Para ello es preciso
reconocerse enfermo y ser plenamente sincero. A estos enfermos que
vienen a consulta <obligados por su mujer>, les digo:
.
.
-Si usted no se considera enfermo, no tiene por qué venir al médico.
Váyase y vuelva cuando usted, sin que nadie le obligue, decida que
quiere curarse.
.
.
He aquí, en cambio, lo que dice el enfermo que se cura:
.
.
-Mire usted, a mí todo lo que me pasa es por culpa del vino. Yo sé
que me tengo que quitar de beber, pero no tengo fuerza de voluntad
para ello.
.
. Este
es el enfermo que se cura porque es lo bastante sincero para reconocer
su enfermedad sin engañarse a sí mismo. En una palabra, se cura porque
se quiere curar.El no tener fuerza de voluntad no es un obstáculo.
Cuando viene un enfermo alcohólico a mi consulta, ya sé que no tiene
fuerza de voluntad y cuento con ello. Porque en esa falta de voluntad
es precisamente donde radica su enfermedad. Si la tuviera, no sería
un alcohólico o no habría venido a la consulta, porque se habría quitado
él solo de beber.
La
fuerza de voluntad y el conocimiento
. .Yo
suelo comparar la fuerza de voluntad a la fuerza muscular.
.
.
Supongamos que hay que subir a lo alto de una montaña (la montaña
simboliza el dejar de beber). Imaginemos que la montaña tiene, por
uno de sus lados, un enorme precipicio cortado a pico. Querer dejar
de beber sólo a base de fuerza de voluntad es como querer subir a
pulso por el precipicio a la cima de la montaña.
.
.
¿Es imposible? No. Quizá lo consiga uno de cada mil, de cada diez
mil o de cada cien mil. Pero, para hacerlo, es menester ser un atleta
extraordinario. Casi todos los que lo intenten van a fracasar y, lo
que es peor, se van a estrellar en el fondo del abismo.
.
.
Pues bien, siguiendo con el ejemplo, la misión del médico es reconocer
sendas y pasos no muy empinados, que den vuelta y revueltas, que sean
a veces largos, pero que conduzcan a la cima sin grandes peligros
ni fatigas. Ya que el enfermo alcohólico carece de la fuerza necesaria
para subir a pulso la montaña por su cara más difícil, lo que debe
hacer es ponerse en manos de un guía que le enseñe el camino mejor
para alcanzar la cumbre. Este camino es largo y, en algunos momentos,
va a ser duro. Surgirán rocas o pasos difíciles que exigirán un esfuerzo
muscular, pero no es lo mismo tener que recurrir de vez en cuando
a la fuerza, que confiar única y exclusivamente en ella.
.
.Los
médicos somos eminentemente prácticos. De lo que se trata aquí no
es de hacer una heroicidad, sino de conseguir un objetivo con las
mayores garantías posibles. Los cementerios están llenos de héroes.
La misión del médico es salvar vidas. A nosotros no nos interesa que
el enfermo se enorgullezca de haber hecho lo más difícil, sino que
se cure.
Tres
puntos que hay que saber
. .Así
pues, en vez de fuerza de voluntad hace falta conocimiento.
.
.
El conocimiento empieza por saber que el alcohol es dañino. Pero esto
ya lo suele saber el alcohólico, porque lo ha experimentado en su
propia carne. Lo que él desea es que le aclaremos el camino para apartarse
de él.
.
.
Es muy frecuente que el alcohólico crea que, gracias a un tratamiento
médico, va a ser capaz de poder beber moderadamente. Casi todos los
alcohólicos desean seguir bebiendo, pero sin exceso. Y es necesario
desengañarles desde un principio. La experiencia médica demuestra
que un alcohólico es incapaz de beber moderadamente. Con una gran
fuerza de voluntad, podrá aguantar unos pocos días, una semana, un
mes, bebiendo moderadamente. Pero el camino vertical de la fuerza
de voluntad conduce a la caída en el abismo. Al cabo de días o de
semanas de beber moderadamente, el alcohólico vuelve a beber en exceso,
como antes, pero además carga con un nuevo fracaso que lo desmoraliza
aún más.
.
.
Por lo tanto, ya tenemos un punto bien señalado: el alcohólico ha
de saber que el único camino es dejar de beber del todo.
.
.
Otros enfermos, aun convencidos de esto, pretenden quitarse de beber
poco a poco. ¡Engaños del alcohol otra vez! Este <poco a
poco> que parece tan fácil es, en realidad, mucho más difícil:
es imposible. El enfermo ignorante que emprende esta vía (también
a base de fuerza de voluntad) se agota en su lucha cotidiana contra
el hábito de beber. Cada día bebe, en efecto, un poquito menos que
el anterior, hasta que, agotado por el terrible esfuerzo de subir
a pulso, sus músculos ceden y cae al abismo: en este caso a
desquitarse, mediante una borrachera fenomenal, de las angustias de
la lucha pasada. Y peor aún: confirma así su cómoda teoría de que
él es incapaz de abandonar el alcohol y justifica así el seguir bebiendo.
.
.
Por lo tanto, ya tenemos señalado el segundo punto: el alcohólico
debe saber que el único camino es dejar de beber de repente.
.
.Por
último, hay algunos enfermos que sabiendo que han de dejar el alcohol
del todo y de repente, abrigan la esperanza de curarse algún día y
poder volver a beber con moderación en el porvenir. Pero ahora viene
otra vez mi anterior ejemplo de las gafas. El alcoholismo propiamente
dicho -la pérdida del control sobre la bebida no se cura nunca.
Queda, como si dijéramos, aletargados. Pero, en el momento en que
el enfermo vuelva a probar una gota de alcohol, el demonio del alcoholismo
se despierta. Es como si el miope notando que ve bien, se creyera
curado y tirara sus gafas. Se encontraría con la desagradable sorpresa
de que sigue siendo miope. Lo mismo sucede a los alcohólicos cuando,
después de varios años sin beber, vuelven a tomar una copa, un chato
o una caña. Pronto tienen ocasión de comprobar, con mucho dolor en
general, que siguen siendo igual de alcohólicos que antes.
.
.
Esta penosa comprobación puede ser rápida o lenta. A veces, el alcohólico
que bebe después de una temporada de abstinencia siente pronto tal
ansia de alcohol que, inmediatamente después de la primera copa, sigue
bebiendo hasta la embriaguez total. Pero lo corriente es que la recaída
sea más solapada. Después de una temporada de no beber, el alcohólico,
un día, creyéndose curado o pensando que la cosa no tiene importancia,
se toma una caña de cerveza. Pronto se vuelve a presentar la ocasión,
y cada vez lo hace con mayor frecuencia. Y poco a poco, el alcohólico
retorna a sus viejos hábitos como si el tiempo no hubiera transcurrido.
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Y éste es el tercer punto que ha de saber el alcohólico: es
menester dejar el alcohol para siempre.
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Para curarse, el alcohólico debe dejar de beber del todo, de repente
y para siempre.
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Si el enfermo se desengaña a estos tres respectos, o sea, si sabe
el modo de dejar de beber, lleva ganada la mitad del camino. Pero
la otra mitad es dura: ¿cómo cortar del todo y de repente con el alcohol?
Tres escalones que hay que subir
.
.Este
es el primer obstáculo donde va a ser preciso recurrir a la fuerza
de voluntad del enfermo. El camino suave y ondulado que conduce a
la cima del monte se halla cortado por un bloque de roca muy grande.
No hay más remedio que subir a él.
.
.Sin
embargo, si el enfermo sabe, su voluntad se fortalece.
El enfermo que sabe ya empieza a tener fuerza de voluntad.
Pero volvamos a la gran roca.
. . Los
enfermos más fuertes podrán subir de un salto. Pero muchos tendrán
que dar un pequeño rodeo y subir a la roca mediante un escalón intermedio.
Y unos pocos, los más débiles, tendrán que dar un rodeo mayor y subir
dos escalones antes de pisar lo alto de la roca. La fuerza de estos
débiles, sin embargo, será precisamente saber que son débiles y que,
por lo tanto, han de dar un rodeo mayor o menor. La fuerza de estos
débiles es sustituir el heroísmo de relumbrón por una labor callada
y tenaz.
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.Pero
todos ellos tienen que subir a la roca, porque ésta equivale a dejar
de beber de repente y del todo. No hay modo de evadirse de este esfuerzo.
Todo el tratamiento reposa sobre esta base.
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Los que tienen fuerza para subir de un salto son los que son capaces
de pasarse una semana sin beber. Yo pregunto siempre a los enfermos
si son capaces de estarse una semana sin beber. Si dicen que sí, yo
les digo que se la estén y que después hablaremos. Si, efectivamente,
lo consiguen y no beben durante esa semana (que es la peor), la siguiente
les será más fácil seguir para ellos. Si fracasan, el daño no es grave
(apenas unas desolladuras) y entonces se les conduce al escalón intermedio,
que es el de las pastillas o gotas para no beber.
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En aquellos en los que fracasan las pastillas o gotas para no beber,
hay que recurrir al tercer escalón: el ingreso en un sanatorio u hospital.
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La finalidad de los tres escalones es la misma: que el enfermo deje
de beber y siga luego sin beber. Los más fuertes subirán de un salto
los tres. Los medianos se saltarán uno. Los más débiles tendrán que
empezar por el más bajo. Pero en los tres casos se trata de lo mismo:
de que por el procedimiento que sea, el enfermo deje de beber y
vaya acumulando días sin beber. Cada día que pasa, una vez abandonado
el alcohol, el mundo del enfermo cambia, su deseo de beber varía,
desaparecen unos problemas y se plantean otros. Una vez roto el círculo
vicioso, los cambios se aceleran y el enfermo entra en un período
de saludable crisis. Al cabo de sólo una semana de no beber,
las cosas han cambiado ya, porque el mundo del alcohólico está determinado
fundamentalmente por el propio alcohol y, al faltar éste, todo lo
demás se modifica. Por eso, al enfermo que se considera capaz de pasar
una semana sin beber, yo le digo que lo haga. Y que no piense en el
futuro, porque, al cabo de una semana, ya no va a ser como él se lo
imagina.
.
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En esto consiste saltar directamente al tercer escalón. Ahora veremos
en qué consisten el segundo y el tercero.
Pastillas
o gotas para no beber
. .Estos
medicamentos constituyen el segundo escalón.
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Se trata de unas pastillas o de unas gotas que no hacen ningún efecto
en el organismo mientras no se beba alcohol. Pero, si se bebe, entonces
se produce un choque terrible y el enfermo se pone a morir. Como se
ve, estos medicamentos sirven para suplir la fuerza de voluntad que
no tiene el enfermo. Este se toma las pastillas o las gotas, y ya
sabe que no puede beber alcohol. Hay que hacer, por tanto, mucho hincapié
en que jamás deben darse medicamentos sin que lo sepa el propio enfermo.
Han de tomarse voluntariamente, en forma plenamente consciente y deliberada.
.
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Tomarlos es como estar encerrado en un sanatorio, porque el que los
toma no puede beber alcohol. Pero es estar encerrado sólo en lo que
se refiere a la bebida.
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.El
enfermo entra y sale, va al trabajo, alterna con sus amigos, frecuenta
incluso su bar o tertulia, pero no debe de beber alcohol.
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Las pastillas o gotas para no beber, como es natural, no entienden
si el enfermo ha tenido un gran disgusto que le obliga a beber o una
gran alegría que hay que celebrar con vino. Tampoco entiende si es
Nochebuena, o la boda de Fulanito, o el bautizo de la hija de Menganito.
Estos medicamentos ignoran todas las sutilezas con que el alcohólico
pretende engañarse a sí mismo. Para ellos el alcohol es alcohol, vaya
servido en forma de sidra, de cerveza, de vino, de vermut, de quina,
de jerez, de anís o de vodka. Incluso la pequeña cantidad de alcohol
que contiene el vinagre desencadena la terrible reacción.
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Y es que, naturalmente, el enfermo alcohólico tiene que dejar de beber
toda clase de alcohol.
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.Y
el que ha tomado estas pastillas o gotas se tiene que aguantar sin
beber, por muchas ganas que tenga de hacerlo.
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Si no las hubiera tomado, a lo mejor se bebía <una cañita sólo>
y luego venían otras dieciséis después, mas luego vinos, algún vermut
y, por fin, bebidas exóticas, ya en plena euforia alcohólica.
.
.De
modo que, gracias a estos medicamentos, el enfermo se acostumbra a
vivir sin beber. Y lo hace en la calle, en el bar, con sus amigos
y compañeros, es decir, en el mismísimo escenario de sus triples hazañas
alcohólicas. De esta manera se agotan sus reflejos condicionados y
se desintegran sus esquemas de conducta alcohólicos. Las pastillas
o gotas para no beber son, como decía uno de mis enfermos, un par
de muletas que te ayudan a andar mientras las piernas cogen fuerza.
Al cabo de un plazo de tiempo que determinará el médico, el enfermo
podrá dejar de tomar estos medicamentos. Ya habrá recuperado su dominio
de sí mismo y podrá vencer, sin ayuda química, la tentación de beber,
porque, durante el tiempo que ha estado sin beber, la tentación se
ha ido debilitando y su voluntad se ha ido robusteciendo.
. . Si fracasan
las pastillas o las gotas para no beber, bien porque el enfermo beba
aunque se ponga malo, bien porque el enfermo no sea capaz de hacer
ni el mínimo esfuerzo que representa tomar unas pastillas o unas gotas
(porque de ese modo, naturalmente, puede beber), entonces hay que
empezar el tratamiento por el escalón más bajo.
Internamiento
.
.Aparte
los casos de enfermedades mentales o corporales de origen alcohólico,
es decir, aparte los casos de complicaciones de alcoholismo, sólo
se debe internar a los alcohólicos cuando no sean capaces de dejar
de beber en libertad, ni aun con ayuda de los medicamentos citados.
.
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En tales casos, el internamiento debe ser de breve duración, para
que el enfermo pase encerrado y sin poder beber los primeros días
de abstinencia, aquellos en que su deseo de alcohol es más poderoso.
Pero, en cuanto pasen estos días, el enfermo, fortalecido por el tratamiento
que se le haya administrado en el hospital, deberá subir al segundo
escalón, al de las pastillas o gotas, es decir, a dar la batalla en
la calle, que es donde en definitiva la va a ganar.
. .Y luego,
más adelante, podrá a su vez, dejar estos medicamentos, porque ya
se hallará en lo alto de la roca.
Seguir sin beber
.
.Una
vez retirado del todo y de repente del alcohol, el enfermo
tiene que seguir para siempre sin beberlo. Hasta aquí, el camino
ha sido abrupto, corto y difícil. A partir de aquí será largo y fácil.
.
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Hasta aquí, el enfermo ha tenido que ser ayudado por medicamentos:
no sólo las pastillas o las gotas citadas, sino vitaminas, extractos
hepáticos, tranquilizantes, colagogos, sueros, etc.
. . Pero
cuando el enfermo ha superado ya la primera y gran roca del principio,
empieza a encontrarse bien, fuerte, despejado y sin ganas de beber.
A cabo de cierto tiempo, el propio enfermo llega espontáneamente a
aborrecer el alcohol, sintiendo hasta náuseas ante su olor.
. . Pero
si, por la razón que sea, el enfermo vuelve a probarlo, el aborrecimiento
se tornará deseo otra vez. Por eso, el tratamieto del alcoholismo
no termina nunca y dura lo que la misma vida del enfermo. No se
trata ya, como es natural, del tratamiento médico enérgico del principio,
sino de un tratamiento psicológico y conductista prolongado.
.
.
Una vez superado el deseo inicial de beber, el alcohólico se enfrentará
a otros problemas. Tendrá que salir del mundillo alcohólico en que
ha vivido hasta entonces, tendrá que asumir una serie de responsabilidades
que ha rehuido anteriormente, tendrá que recuperar la estima de sus
familiares, amigos y compañeros y apartarse de los malos amigos, que
intentarán por todos los medios hacerle recaer.
.
.
En esta fase del tratamiento, el médico, tras mostrar el camino al
enfermo, pondrá a éste en contacto con otros enfermos, con asociaciones
de alcohólicos curados. La función del médico ya no la desempeñará
el propio médico, sino el grupo. Los enfermos veteranos aconsejarán
a los novatos, y éstos servirán a aquéllos de recuerdo de lo que ellos
mismos fueron antaño. Si se presentasen recaídas, el grupo orientará
al individuo y convertirá el daño irremediable actual en eficaz experiencia
para el futuro.
.
.
El enfermo, por su parte, durante toda la psicoterapia de grupo, tendrá
que ser absolutamente sincero y luchar contra una parte de
sí mismo, que encontrará cien mil disculpas y excusas para beber.
A este respecto, recuerdo que un enfermo decía:
. .-Razones
para beber, tenemos muchas; pero razón, ninguna.
.
.
Con el tiempo, el alcohólico arreglará su vida, encontrará nuevas
aficiones y, sobre todo, se hallará a sí mismo.
.Ya no necesitará del grupo, sino sólo
desde un punto de vista recreativo o cultural y para aconsejar a los
recién llegados. Su médico entonces será él mismo, porque se habrá
convertido en un hombre nuevo. No será sólo un hombre curado
-un hombre que lleva gafas, como tantos otros-, sino que ante él se
abrirá un panorama glorioso: se hallará por fin en la cumbre de la
montaña.
.
.Mientras
el alcohólico no se haya transmutado en ese hombre nuevo, subsistirá
un grave peligro de recaída. Sobre el enfermo penderá siempre la espada
de Damocles del alcohol. Pero una vez regenerado tal peligro
desaparecerá casi del todo. Las ventajas de su nueva situación serán
tales que le parecerá locura o suicidio probar una simple gota de
alcohol.
.
.El
alcohólico que deja de beber nunca es igual que si no hubiera sido
alcohólico jamás. Aunque parezca mentira, es mucho mejor porque
es un hombre que ha descendido al infierno y ha conquistado luego
su propio paraíso.
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