ALCOHOLOFILIA

ASOCIACIÓN DE EX-ALCOHÓLICOS ESPAÑOLES

BOLETÍN INFORMATIVO

N.º 2- 1978

(DE UTILIDAD PÚBLICA) 

EDITORIAL

 

Hoy presentamos a nuestros lectores, la segunda experiencia editorial.

Esperemos, que la manida frase, dicho o refrán “Nunca segundas partes fueron buenas”, en nuestro caso carezca de fundamento.

La intención, el desvelamiento de nuestro funcionamiento y de nuestras experiencias vertidas en letras de imprenta, tienen el objeto fundamental, de que a través de su lectura, otras personas no cometan los mismos errores en que nosotros incurrimos.

Teniendo en cuenta fundamentalmente, que el noventa y nueve por ciento de los enfermos alcohólicos, que por nuestra Asociación han pasado, la ignorancia en casi todos, fueron la causa de no poner el remedio años antes a su enfermedad, nos hace pensar con lógica aplastante, que cuantas más personas sean informadas y prevenidas (prevención que falta a casi todos los niveles de la sanidad Española) sobre las secuelas de la ingesta alcohólica incontrolada, mayor será la ayuda que podamos prestarles, haciendo extensiva esta información también, al mayor número de médicos posible, ya que lo consideramos, no solo una obligación sino un deber ineludible para nosotros.

Pretendemos no abusar de la paciencia de nuestros lectores, si como es natural, y dado el contenido de nuestro Boletín en alguna forma somos reiterativos, pero esta repetición, es consecuencia del vertido de vidas de alcohólicos, que en casi ningún caso son iguales en su forma de llegar a la enfermedad, todos tuvieron sus causas o sus modos, pero con algo común a todos ellos, LA DEPENDENCIA.

Sería nuestro deseo, poder hacer llegar esta publicación, al menos a todos los médicos de Medicina General en España, no con la presunción de enseñarles nada, pero sí con la idea, de que sus conocimientos técnicos se vean incrementados con las experiencias de los enfermos, ya que básico es, y tan importante, acoplar la teoría y el estudio con práctica.

De hecho el médico de cabecera es el que menos contacto tiene con el enfermo (una vez que es enviado al especialista), pero pensamos que a través de ALCOHOLOFILIA; quizás pueda detectar antes al alcohólico, y ayudarle de forma tan importante para nosotros, como es la relación MÉDICO-ENFERMO, ya que las características de nuestra enfermedad, requieren una gran comprensión por parte del facultativo.

Queremos pedir perdón, si en el apartado anterior nos hemos excedido con referencia a lo que el médico debe o no hacer, pero esperamos la comprensión de nuestros lectores para disculpar nuestros equívocos, lo que debe importar, es la intención que nos guía “Informar de la manera mas amplia y positiva posible”.

Nuestro ideal, sería aumentar la tirada de esta publicación, pero desgraciadamente nuestros medios económicos no nos lo permite.

ALCOHOLOFILIA es nuestro hijo, un hijo al que hemos dedicado nuestros afanes casi desde la fundación de la Asociación (hablamos de once años). Para que una publicación de este tipo sea leída, ha de hacerse con carácter gratuito, por lo tanto, no solamente teníamos que buscar el sostenimiento de la Asociación (con los gastos inherentes a nuestras actividades), sino que también, tuvimos que efectuar las gestiones para el logro del Boletín; nuestros asociados de número no eran suficientes, los Socios Protectores que desde los comienzos nos ayudaron tampoco nos cubrían económicamente, se recurrió a Caritas (tanto Diocesanas como Nacional) y de momento todos fueron aportando algo para ir preparando la publicación, y paradójicamente es ahora, que prácticamente todos nos han abandonado, que nos vemos reducidos a nuestros Socios de número y Protectores, con la colaboración de “CIBIS”, sale a la luz este Boletín que esperamos sea importante para todos los que lo lean, e incluso puedan coleccionarlo. Nos gustaría que el contenido fuera constructivo, y al mismo tiempo ameno, para que no sea desechado en forma despectiva.

Valgan en cierto modo el esfuerzo y la inexperiencia, para que le deis un valor real y positivo a nuestro Boletín que desde ahora es vuestro también.

A fuerza de sinceros, esperamos de nuestros lectores su colaboración; una de las formas importantísimas sería que nos señalaran nuestros fallos, que corrigieran nuestros errores y por qué no decirlo, que nos enseñaran a hacerlo mejor.

Desde esta página editorial hacemos un llamamiento y una petición:

“Necesitamos anunciantes”. Una forma de incrementar esta tirada, sería la de ver aumentados nuestros ingresos, o en su defecto, autosufragar el Boletín, y la publicidad nos sería de gran ayuda.

 

NOTA.

 

Agradeceremos nos indiquen los errores con respecto a:

 

NOMBRES

APELLIDOS

DIRECCIONES, etc.

 

Con el fin de actualizar nuestros ficheros y evitar en lo posible devoluciones y duplicidades.

Si consideran la publicación falta de interés para ustedes agradeceríamos infinito nos lo comunicasen, con el objeto de suspender su envió.

Solo nos resta, rogar a nuestros lectores que sigan prodigándonos su aliento, a todos daremos respuesta si ese es su deseo, o silenciaremos su escrito si así nos lo indican.

 

LA DIRECCIÓN.

 

VOLUNTAD Y CURACION

 

EL PRIMER DIA

 

José abre los ojos. Ruido, luz eléctrica, frío, mal olor, impactan su retina, su cerebro y penetran a través de sus sentidos haciéndole encogerse, engatillado en la cama; quiere dormir de nuevo, evadirse, olvidarse…

No le dejan; los ruidos se concretan en voces masculinas, carraspeos y rudos sonidos que evidencian vida a su alrededor, vida áspera, desagradable. Se estira y siente la primera náusea de la mañana: “¿Por qué estoy aquí?, veo camas, hombres que me rodean, me miran; buenos días, dice uno, ¿buenos días? … él sabrá … que mal estoy, tengo que levantarme. ¿Qué hora es? ¿Qué hice con el reloj? …¡ buena la cogí ayer!...”.

Ya vestido explora el lugar. Largo pasillo, lavabos, más hombres, luz cenicienta; alguien le ha dicho que está en un hospital psiquiátrico y los recuerdos se van hilvanando: “fue un día como tantos otros … sí, bebí lo mío, pero … bueno para traerme aquí …”. Todavía no recuerda la bronca del bar, la policía, la casa de socorro, la ambulancia, no sabe que llegó al hospital vociferando, amenazador e insultante y que desde ese momento todo fue una lucha hasta quedar dormido, con sueño negro, hermético.

Pero siente la náusea, el temblor de siempre, el mareo el dolor de cabeza: “dice que a desayunar, pues sí … tengo el cuerpo … yo necesito una copa, mis copas, esas … que bien me caerían!”.

En el comedor, noventa hombres toman el desayuno; gestos huraños, mohínos, sonrisas tontas, viejos babeantes, alguien grita, aislamiento, soledad. José sólo desea una copa, sus copas, sus amigas de cada mañana, que le quitaban el temblor y entonaban su cuerpo camino del trabajo. Pero no, alguien de azul o blanco le da unas pastillas - ¡Tómeselas!.

No se niega ¿Para qué?, solo pregunta:

        ¿Cuándo me verán?

        Después, después…

Se siente ignorado, termina el café y sale al pasillo donde muchos mas caminan ya de un lado a otro, sin fin, sin destino; más de cien hombres tropiezan unos con otros, hay un conato de agresión, luego se apaciguan y vuelven a deambular, aburridos y desanimados. José se asusta: “¿Es aquí donde tengo que estar? ¿No puedo salir, respirar aire puro?. No puede, está lloviendo, hoy no hay patio, le va a ver el doctor.

Entran todos en el comedor, cierran con llave la puerta de cristales, ¡van a fregar!; unas muchachas se encargan de la limpieza, mientras ellos miran sus movimientos ¿Qué mejor distracción?.

José extraña el ambiente, no sabe qué hacer, con quien hablar; uno le ofrece un cigarrillo o se lo pide, por fin inicia una conversación y empieza a preguntar, deprisa, para recuperar el tiempo perdido: “Sí, es un manicomio … hay de todo, locos, tontos, viejos …” “yo estoy por la bebida” –añade petulante el compañero- “los médicos suben ahora, unas veces te llaman, otras no … y si vas detrás de ellos … pero si quieres algo, insiste …”.

El informante se crece, maya, ya tiene algo que hacer! Y siguen los datos: “cafetería de 12 a 1 y de 6 a 7 de la tarde, no es muy barata y de bebidas nada … solo naranja, limón, esas cosas … “(gesto de desprecio que tiene eco en José)”, no hay nada que hacer solo alguna partida con los amigos, o bajar al patio, si ellos quieren; antes había cine, pero lo han quitado, no sé porqué …- también puedes ir a misa por las tardes, bajan las mujeres, pero no creas … no es fácil acercarse …”. “Tu consigue pronto un pase para el jardín, si te quedas …” Y así, entre veterano y novato va creándose una relación amistosa de padrinazgo o explotadora.

Por fin se oye nombrar; un cuidador indica: -“espere Vd. Aquí, que le va a ver el doctor”. Y de nuevo otro pasillo, otra puerta. Cuando por fin entra en el despacho hay varias personas; una de ellas coge unos papeles y empieza a interrogarle. Primero sus datos personales (por cierto, el médico rara vez se identifica) después, un rosario de preguntas. “Soy soltero, trabajo, vivo en una pensión, mis padres están fuera … ¿beber? Lo normal!...”, y salen a relucir las copas matutinas, las cañas del mediodía, el vino, los chatos de la tarde, siempre en menor cantidad de la real, porque José tiene miedo a que la verdad acarree malas consecuencias y le impida volver a vivir como él quiere, con sus costumbres, con su dependencia.

Pero el médico no ceja; que si temblores, que si mareos, náuseas, calambres, falta de apetito, dolores de estómago, pérdida de memoria, problemas con el trabajo, con la familia. “¿qué hago?, parece que adivina lo que me pasa, pero si le doy la razón, lo mismo me obliga a quedarme …”, y hay que mentir, disimular o quitar importancia, y en último extremo, echar la culpa a compañeros, amigos.

Tal vez José oiga de labios del médico lo que es su sentencia y al mismo tiempo, el comienzo de su salvación: -“Vd. Es un enfermo alcohólico …” “El alcoholismo es una enfermedad …” “queremos ayudarle..” pero el azar interviene y puede ser que José salga del despacho preguntándose aún: “¿Por qué estoy aquí?.

Hora de comer, unas palmadas, voces que animan: ¡ Pasen al comedor ¡ “Y si no quieres, es igual, tienes que pasar, sentarte donde te indican, buscar una sonrisa amiga o sumirte en el silencio; hay que comer, aunque sigas asqueado, tembloroso e ignorado … ¡comer! … no hay cuchillos, será por los locos …” y con el tenedor, José intenta separar los trozos de carne. Las mesas en larga fila, sin manteles; el pan se mezcla con el agua derramada, con la comida caída de una mano temblorosa.

Dan la medicación. Unos la toman, otros se niegan y alguien, siempre alguien, obliga a abrir la boca; después muchas pastillas pasan al pañuelo o al bolsillo del pantalón y de allí al retrete o al suelo, pero José aún so sabe los trucos y acepta sumiso su tratamiento.

Han terminado, José se acuesta “por hacer algo”. Antes quiso telefonear, recuperar su reloj, sus documentos y dinero; a todo le dijeron que no, que después, que cuando se marche. “¿Y cuando será eso, es que voy a estar aquí mucho tiempo?” –“Ya lo dirá el doctor …”, es toda la respuesta.

La tarde se hace infinita, a las cinco dan la merienda, café con leche tibia y galletas. Luego los hombres se agolpan en el ascensor o en la escalera para bajar a la cafetería, pero José no, está sin dinero, y para seguir viendo las mismas caras …

Vuelven a llamar: ¡a cenar!, y se repite el mismo espectáculo que al mediodía. Para José es el momento más amargo: -“Son las siete y media a esta hora es cuando empiezo con los amigos del bar la partida, los chinos, las rondas …”, pero hoy ha sido un día distinto, consecuencia, lo prevista, de otros días siempre iguales, que empezaban y concluían con el alcohol como fiel acompañante.

Aún no son las nueve y deben acostarse. El ritual horario debe respetarse por encima de todo. Algunos intentan seguir viendo la televisión o terminar la partida; los más obedecen y al poco tiempo duermen embriagados de pastillas, de gotas, de inyecciones.

Para José la noche es un interrogante: “¿Cuándo saldré de aquí?, ¿Qué diré en el trabajo?” y un deseo: “ ¡una copa …, que bien me vendría una copa …!”.

Y este ha sido lo que se considera, en el hospital, “un día tranquilo”.

 

Mª Isabel Pérez Montes

       Psiquiatra

 

 

 

¡No les deis alcohol a los niños!. En cualquier forma que se suministre, los hace díscolos, rebeldes, perezosos y testarudos.

 

No todos los que han bebido vino de pequeños son alcohólicos de mayores; pero casi todos los alcohólicos se acostumbraron a beber desde que eran niños.

 

Ya en el siglo pasado el Servicio Sanitario alemán advertía: “El alcohol es para los niños un veneno. NO se les debe dejar beber bebidas alcohólicas hasta no haber llegado al desarrollo, es decir, hacia los dieciséis años”.

 

LUCHA ANTIALCOHOLICA

 

CONGRESOS

 

EL II CONGRESO DE ALCOHOLICOS REHABILITADOS se celebró en ALICANTE en el mes de Octubre de 1973. La A.E.E. presentó una ponencia titulada: PROTECCIÓN A LA INFANCIA Y A LA JUVENTUD ANTE LOS PELIGROS DEL ALCOHOL, de la cual ofrecemos el siguiente extracto:

Cuanto a continuación relacionamos corresponde a la parte negativa de la bebida alcohólica, y por tanto, no quiere decir con ello, que todo el que bebe es un enfermo o puede llegar a serlo. Reconocemos que el alcohol puede ser positivo, ingerido normalmente, sin abuso y sin llegar a hacer de la bebida un hábito.

Primeramente y para hablar de la ENFERMEDAD ALCOHÓLICA, hemos de empezar por decir lo que nosotros entendemos por alcoholismo y los motivos que pueden llevar a esta enfermedad.

Al alcoholismo puede llegarse por diferentes caminos; por timidez complejos, hombría-imitación, costumbres sociales, dificultades familiares, sociales o laborales. La sociedad de consumo, mediante sus incentivos, por la publicidad en televisión, radio, prensa, novela juveniles, canciones de moda, etc. Ofrece una invitación constante a estos adolescentes que carecen de formación adecuada.

Observamos que en la mayoría de los casos y hasta la edad de 10-12 años, los niños toman generalmente sin protesta lo que sus mayores les dan y es aquí donde el consejo deberá dirigirse a los padres, tutores y maestros. No obstante y dada la gran publicidad, hay un abuso inconsciente en la administración de vinos quinados u otros estimulantes del apetito de contenido alcohólico.

Es en la edad comprendida entre 12 y 16 años cuando el niño comienza a ser joven, a envidiar a los mayores y a tratar de imitarlos, tanto en el tabaco como en la bebida, ignorantes de que con ambas cosas van a perjudicar un desarrollo sano y un futuro eficaz. Son estos inicios, vacilantes aún, los que les llevan insensiblemente a convertir el beber en una rutina que acabará siendo una obligación y de ahí a la dependencia no hay más que un paso.

Parece que nos estamos refiriendo solamente a nuestros muchachos, pero no hay que dejar de mencionar a las jovencitas. Estas, ya también a partir de los 13-14 años comienzan a presumir y a gastar en vestidos; hoy en día casi se da mas dinero a las hijas o en todo caso en la misma proporción que a los hijos. Parece que beber y alternar ya no es solo cosa de hombres; cuantas veces hemos visto entrar a dos o tres muchachas y pedir medio en serio medio en broma, -que eso nunca se sabrá, - unos vasos de vino, o unas cervezas, o el clásico vermout con ginebra. Alternan con la misma libertad sola que en compañía.

La “delincuencia juvenil” es otro de los males a que puede ser conducido el joven y venir acompañado por el alcohol. Estos jóvenes, que en la mayoría de los casos carecen de calor familiar, con escasa cultura, fácilmente maleables por la compañía de adultos mas avispados, terminan reuniéndose en pequeños grupos o pandillas en imitación de lo que ven continuamente en cines, series de televisión, novelas, etc. La veda fácil de los malhechores, dinero abundante sin trabajar, mujeres y bebidas, sobre todo mucho de esto último como estimulante.

No hemos de olvidar aquí otro aspecto importantísimo, como es el de las salas de baile o de juventud, discotecas, etc. En estos lugares también tienen disposiciones referente a la edad de los asistentes, ya que según las disposiciones vigentes no se debe permitir la entrada a menores de 18 años, disposición de la que se hace caso omiso en la mayoría de los casos. Aquí, y en términos generales, y  tienen resuelto parte de su problema; pagarán su entrada “con derecho a consumición” y sin querer ya tenemos ahí el alcohol. Realizada una encuesta entre determinado número de jóvenes de ambos sexos en la edad de 16 a 18 años, todos coincidieron por igual en las bebidas que consumían en dichos espectáculos: Gin-tonic, Gin-fizs, Holanda, Cuba-libre, etc…

No queremos parecer pesimistas, pero por nuestra culpa y nuestros errores ya hemos pagado y solo pretendemos que este aviso llegue a todos los que lo ignoran, para que sepan que con un “alcohol indebido” se puede llegar a la enfermedad, al derrotismo y la ruina física, familiar y social.

Gran ayuda sería también fomentar esta educación alcohólica entre los adolescentes que militan en Asociaciones Culturales y Deportivas.

Se puede, y sin lugar a dudas llegaremos, a potenciar la creación de Hermandades y Asociaciones de Alcohólicos en todo el mundo y si es necesario, como hasta el presente venimos haciendo, exponer nuestros casos a los cuatro vientos, para que esa futura juventud, se dé cuenta de lo que sus mayores sufrieron, por no haber tenido quienes se interpusieran entre ellos y el alcoholismo.

Por todo ello pedimos:

1)      A la Dirección General de Sanidad, que amplíe su campaña de Prevención del Alcoholismo a nivel nacional y por todos los medios informativos, recalcando los peligros que encierra el consumo del alcohol de forma abusiva y sin control, sobre todo si esta ingestión la hacen los niños jóvenes.

2)      Que la Dirección General de Sanidad, amplíe y haga extensivo su programa de Prevención del Alcoholismo a toda España, pues los servicios que existen en la actualidad son insuficientes.

3)      Que el Ministerio de Educación y Ciencia, elabore un Programa cultural obligatorio de Higiene en la Alimentación y la Bebida, para que sea impartido en Escuelas, Institutos y Universidades.

4)      Que los Ministerios del Ejército, Marina y Aire elaboren igualmente unos cursillos obligatorios, al igual que el Ministerio de Educación y Ciencia sobre esta materia.

5)      Pedir al Ministerio de Trabajo, a nivel nacional por parte de todas las agrupaciones de alcohólicos asistentes al Congreso, la inclusión en los beneficios de la Seguridad Social al alcoholismo como tal enfermedad, en las mismas condiciones y derechos que el resto acogidas a estos beneficios.

6)      Que el Ministerio de Trabajo, a través de sus Delegaciones de Trabajo, velen porque el enfermo alcohólico sea considerado por las Empresas, como enfermo realmente en el caso de despido.

7)      Pedir al Ministerio de la Gobernación que vele por la observancia de las Disposiciones establecidas para la Protección de la Juventud.

8)      Hacer un llamamiento a los Ayuntamientos, para que creen, en sus respectivos centros urbanos locales y centros recreativos y culturales que atraigan a la juventud a actividades sanas y deportivas.

 

LOS ADOLESCENTES Y EL ALCOHOL

 

En las reuniones que se celebran entre adolescentes ¿conviene servirles bebidas alcohólicas? – Yo por mi parte opino rotundamente que NO.

Ya sé que mucha gente, no compartirá mi criterio, es más, mis hijos me dirán que hay infinidad de jovencitos y jovencitas que beben.

Efectivamente, no hay que hacer del alcohol misterioso y debe dejarse que los muchachos lo prueben, siempre que sea bajo la vigilancia paterna, pero esa vigilancia, no puede ser ni durar por siempre.

El sentido común, así como un cúmulo de serias investigaciones, nos ha enseñado que los padres de familia deben establecer ciertas normas de conducta y ponerlas en práctica al menos dentro de su hogar. Nuestros hijos esperan que tengamos ideas bien definidas acerca de los problemas de importancia y poco respeto les merecemos si no ejercemos nuestra autoridad.

Es muy fácil actura según nuestro propio criterio, si uno está fuertemente convencido de las razones que le inspiran.

El argumento que nos dan algunos jóvenes de corta edad cuando prueban el alcohol, de que ellos después no llegaran a consumirlo en cantidades excesivas, no es válido, toda vez, que la dependencia alcohólica, no se basa en la cantidad consumida, sino en la libertad o dependencia de esta Droga.

El problema del alcoholismo se agudiza entre los jóvenes, por esa costumbre de iniciarse en la bebida a temprana edad, cuando su constitución fisiológica aún no está concluida.

La Esperanza de todo padre de familia es enseñar a sus hijos en el seno del hogar como deben comportarse fuera de él. Por eso, al proporcionarles bebidas alcohólicas en el seno familiar, se les autoriza tácitamente a que efectúen este consumo fuera del mismo.

Para algunos individuos y en particular para los jovencitos, el beber es símbolo de madurez puesto que a los chicos se les prohíbe y a los adultos no, al tomar una co0pa, se sienten adultos. Para otros, la ingestión de alcohol, es signo de hombría, ya que han visto como los protagonistas de las películas, son capaces de beber cuanto licor se les antoja. Por supuesto la verdad es exactamente lo contrario. El hombre inseguro de si mismo, es el que generalmente recurre a la bebida para darse ánimo. Todas las personas, por ignorancia, recurren al alcohol para contrarrestar las tensiones nerviosas, los disgustos, los fracasos, etc., si la bebida fuese un descubrimiento de nuestro siglo, se habría declarado el producto, con las reservas normales, hasta tanto se descubriesen los efectos secundarios, e incluso, se investigaría en sus consecuencias, claro ejemplo lo son las vacunas, sacarina, etc.

La médula del problema de la bebida entre los adolescentes, se encuentra en un periodo crítico y alarmante, pues se encuentra en un periodo de evolución glandular, así como de adaptación emocional inherentes a la necesidad de adaptarse a un código de ética sexual. Es en la adolescencia, cuando hay que tomar decisiones, que influirán de una u otra manera en la forma de conducta para el resto de nuestra vida. No nos puede extrañar, por lo mismo, que un gran número de adolescentes den muestras de tensión emocional cuando se emborrachan, e incluso muestren síntomas de rebeldía.

Los adolescentes, sufren en parte las mismas tensiones que los adultos, pero si esperan a beber cuando son adultos, tendrán muchas más probabilidades de evitar los peligros consiguientes, por su mayor maduración psíquica.

Es necesario, que los padres, examinen, sea cual sea su condición social, la conducta de sus hijos frente a las bebidas alcohólicas.

Los abstemios, podrán fácilmente hacerles comprender la no necesidad de las bebidas; justificando la exclusión de estos productos en las civilizaciones pasadas, y manifestando su situación en su estado de abstinente.

Para un bebedor empedernido, será difícil hacerle observación a su hijo, pero no así para un padre Alcohólico, quien puede mostrarle totalmente todas las desventajas de esta droga. Si un muchacho bebe en contra de su voluntad, es un problema que conviene tratar con el médico sin demora alguna. Incumbe a los padres de familia, romper e iniciar la lucha contra el alcohol, para que la batalla pueda ser ganada por su hijo.

Uno de los mejores rasgos de la adolescencia, es su anhelo de sinceridad y su desprecio hacia la hipocresía de cualquier género. Es muy probable, que el padre que exponga a sus hijos el problema, se granjeará mas fácilmente el respeto, obteniendo así las razones de la no tolerancia a proporcionarles bebidas alcohólicas en sus fiestas.

 

Publicado en Selecciones del R.D.

 

No creas que el alcohol sirve para curar los dolores. Momentáneamente olvidas, pero olvidar no es curar. En cuanto la acción del alcohol desaparece, vuelven aquellos dolores, y ahora con mayor furia, dado que tu sistema nervioso está cada vez mas débil a causa de la bebida.

 

CARTILLA DEL ALCOHOLICO

(CONTIBUACION – II)

 

Tipos de alcohólicos

 

En líneas generales, así como hay dos caminos que conducen al alcoholismo, hay también dos tipos de alcohólicos. Pero como, al final, los dos caminos se encuentran, hay un tercer tipo de alcohólicos que es la síntesis de los dos anteriores y que constituyen el último grado de alcoholismo.

El alcohólico del primer grupo es el que empieza a beber por motivos psicológicos personales. Este sujeto no necesita beber todos dos días y, naturalmente, cuando le decimos que es alcohólico, pone el grito en el cielo y dice que él no lo es porque se puede pasar días y días sin beber. Esto es cierto. Pero también lo es que hay determinados días en que se ve impulsado a beber aunque no quiera. Este tipo de alcohólico suele ser un alcohólico intermitente o periódico, que habitualmente no bebe, pero que , en cuanto se toma una o dos copas, se descontrola y no puede dejar de beber hasta llegar a la embriaguez completa. A menudo empalma una borrachera con otra y se pasa así unos pocos días, al cabo de los cuales se encuentra al fin <descargado> de sus angustias, deja de beber y reanuda su vida normal.

Este alcohólico intermitente tarda mucho en alcoholizarse.

Tengo que señalar aquí que no es lo mismo ser alcohólico que estar alcoholizado. Ser alcohólico es sentir (siempre o de vez en cuando) una apetencia irreprimible por el alcohol. Estar alcoholizado es sufrir una serie de daños a consecuencia del exceso de alcohol ingerido.

El alcohólico intermitente, como he dicho, tarda en alcoholizarse. Cierto es que coge unas borracheras terribles, pero también es cierto que luego se pasa días y días sin catar una gota de alcohol, gracias a lo cual su organismo se limpia, se depura y se mantiene en buena forma. En cambio, lo corriente es que este tipo de alcohólico sufra graves complicaciones sociales: que deje el trabajo o que lo echen, que cometa robos, crímenes u otros delitos y que, por tanto, acabe en la cárcel.

El alcohólico del segundo grupo es el que empieza a beber por alternar. Este sujeto no se suele emborrachar nunca o casi nunca. Al beber todos los días desde niño o desde joven, su organismo se acostumbra al alcohol y lo necesita, pero, al mismo tiempo, lo aguante aún en grandes cantidades. Cuando decimos a estos enfermos que son alcohólicos, también ponen, como los anteriores, el grito en el cielo, diciendo que no es posible que ellos sean alcohólicos, porque nunca se han emborrachado. Pero también es cierto que ni un solo día de su vida pueden dejar de beber alcohol.

Se me dirá que, según eso, en España hay infinidad de alcohólicos. Y yo responderé que, en efecto, así es. En España, por desgracia, hay infinidad de alcohólicos. Y, como he dicho, es éste el tipo de alcohólico que más abunda.

El alcohólico que bebe a diario y no se emborracha se alcoholiza pronto. No tarda en encontrarse mal cuando le falta el tóxico, en tener por las mañanas temblores y náuseas que se calman cuando bebe alcohol. Y, con el tiempo, acaba por tener graves lesiones de hígado, impotencia sexual y celos patológicos. Estos enfermos no suelen acabar en la cárcel, como los anteriores, sino en el hospital o en el manicomio.

Ahora bien, como he dicho, los dos tipos descritos convergen en un tercer tipo. El alcohólico que no bebe nunca, pero que cuando bebe se embriaga, acaba por irse embriagando cada vez más a menudo. El que no se embriaga, pero bebe a diario empieza a embriagarse y a embriagarse cada vez más. Y al final, ambos tipos confluyen en un tercer tipo: el alcohólico que bebe todos los días y que se embriaga todos los días. Este es el último grado del alcoholismo y en él se da toda clase de complicaciones a la vez.

Pero hay un detalle muy importante que quiero señalar aquí: una vez que una persona se hace alcohólica -cualquiera que sea el camino que haya seguido- ya ha traspasado una frontera invisible. Ya es alcohólica, ya ha perdido la libertad de beber o no beber. Ya ha perdido las riendas del alcohol. Ya está esclavizada por éste.

Por muy distintos que sean sus motivos o sus circunstancias, todos los enfermos tienen en común su enfermedad: todos son alcohólicos

 

Complicaciones del alcoholismo

 

Nosotros dividimos las complicaciones del alcoholismo en tres grandes grupos: mentales, corporales y sociales.

Entre las complicaciones mentales, la más frecuente es la paranoia de celos. Al principio, los enfermos empiezan a pensar, sólo cuando están bebidos, que su mujer les engaña. Luego, poco a poco, aun sin estar bebido, el enfermo se muestra celoso de todo el mundo, a veces hasta de sus hijos. Por fin el enfermo acaba convencido de que su mujer le engaña -con uno o con varios- y, desde este momento, se le debe considerar como un enfermo mental y además como un enfermo mental peligroso, porque no es raro que atente contra la vida de su esposa.

Tiene mucho interés destacar que los enfermos con celos suelen "dar la vuelta" a la causa y al efecto y explicar que beben para olvidar que su mujer les engaña, cuando lo que sucede es precisamente todo lo contrario: creen que su mujer les engaña porque el alcohol les ha afectado el cerebro.

Pero, además de los celos, el alcohol puede producir toda clase de enfermedades mentales. De ellas, las más características son la alucinosis alcohólica y el delirium  tremens.

En las alucionosis, los enfermos oyen voces terribles que los insultan o amenazan. En el delirio ven monstruos, animales y seres terroríficos. El delirium tremens es como una pesadilla horrible, pero vivida en la realidad, es decir, estando el enfermo despierto. Es, a la vez, una grave enfermedad corporal y hay muchos enfermos que mueren a causa del delirium tremens. El algunas regiones españolas, el <delirium tremens> se ha convertido en una causa muy frecuente de muerte.

(CONTUNUARA)

 

ATENCION SOCIAL Y FAMILIAR

 

LA FAMILIA DEL ENFERMO ALCOHÓLICO

 

Podemos decir que no existe un enfermo alcohólico enclavado en el seno de una familia más o menos normal, sino que existen familias enfermas o profundamente neurotizadas, en el seno de las cuales, se dá el acontecer de un enfermo alcohólico, y que en muchas circunstancias, esta familia está enferma o neurotizada, en función, y como consecuencia, del alcoholismo de un miembro de la misma.

En otras ocasiones es la naturaleza de la familia, la que condiciona el alcoholismo del individuo, que redunda en una mayor desintegración de la misma, cerrándose así el círculo vicioso de la FAMILIA ENFERMA DEL ENFERMO ALCOHÓLICO.

Por ello, las reuniones de grupo con familiares, son fundamentales para que ellos tomen conciencia de lo que es el enfermo alcohólico, y así se preparen para el tratamiento y la aceptación del mismo.

Esto es algo necesario, ya que pretender la curación del alcohólico sin que tengamos un contacto frecuente con su familia, sin oír sus manifestaciones o sin conocer sus vivencias, creo que es prácticamente imposible de conseguir.

 

              I.      ACTITUDES VARIADAS EN EL MEDIO FAMILIAR SEGÚN QUIEN SEA EL ENFERMO

                          I.      1.- Cuando el familiar es la esposa.

De todos es sabido que obtenemos una mayor colaboración en el tratamiento del enfermo, es decir, mas interés, comprensión, etc.

En el inicio del tratamiento o en el periodo de abstinencia, es frecuente observar que la esposa no ha evolucionado con el marido. Superficialmente hay afecto, tranquilidad, etc., pero la mujer continua ocupando el terreno que el enfermo abandonó, como el obligado hábito de ser el timón hogareño durante años, por lo que en el momento en que el familiar quiere recuperarle, plantea serios conflictos en el matrimonio.

En una gran mayoría de esposas, ante el cambio de su familiar de bebedor en no bebedor, piensan que su comportamiento también sufrirá un cambio radical y critican con impaciencia los fallos de conducta aún persistentes.

Cuando en el matrimonio hay hijos, se observa un importante trastorno de conducta emocional, sobre todo en los hijos menores. En los mayores se detecta una marcada hostilidad que se va transformando en indiferencia.

                          I.      2.- Cuando el familiar es el marido.

Se dificulta la terapéutica de la esposa alcohólica.

En el periodo de abstinencia, el marido continúa con sus sospechas y manifiesta sus dudas repetidamente.

Si se suceden las recaídas, el marido suele vigilar, a través de sí o de otros familiares, continuamente a su esposa.

Cuando en el matrimonio hay hijos, y estos se encuentran en edad escolar, la madre pretende neutralizar sus fallos alcohólicos, permitiéndoles hacer cosas que en otras ocasiones les ha reprochado, lo que crea un sistema de actitudes y órdenes contradictorias muy perjudiciales para el niño.

                          I.      3.- Cuando el familiar es el padre, la madre o el hermano.

Si la madre es el caso, quizá sea el familiar mas difícil de controlar y de hacer cambiar en cuanto a sus actitudes, por la sobreprotección que extiende en el seno de la familia. Aparentemente es el más colaborador, pero casi siempre es inocente e ignorantemente el de posiciones mas rígidas.

Si, en caso contrario, fuera el padre, suele ser tremendamente pasivo, tarda en concienciarse del problema del alcoholismo, pero quizá, junto con los hermanos, es la persona que puede intentar mejor cambiar de postura.

 

CONSECUENCIAS GENERALES

 

En el medio familiar se produce siempre un desajuste, generalmente muy grave, que llega con gran frecuencia a la separación conyugal e incluso a la disgregación de toda la familia, o bien a la degeneración de la misma: hijos desadaptados, de conductas antisociales, son la consecuencia de tales familias, por ello, es necesario intentar y aprovechar llegar a situaciones tan críticas.

Debe recordarse que a veces la familia tiene las sospechas o incluso la certeza de que existe un problema por alcohol, o bien los familiares no conocen el problema o bien encuentran natural la ingestión de alcohol; en todo caso hay que concienciar a la familia de dicho problema.

Todas estas actitudes hay que tenerlas en cuenta a la hora en que el familiar alcohólico inicie la rehabilitación, para que la familia ayude mas y mejor en el proc3eso terapéutico de retornar al lugar perdido en la familia; utilizando, como decíamos anteriormente, los propios medios o recursos del individuo enfermo y del resto de la familia.

Los primeros pasos que debe dar la familia, al inicio del tratamiento del enfermo son:

        Preparación para el problema y tratamiento (medicamentoso, psicoterapéutico, etc.) del enfermo.

        Aceptación del problema como enfermedad y del tratamiento; con ello, los familiares, se sentirán agentes responsables de la evolución del tratamiento.

        Mantenerse a un nivel comprensivo y alentador para las dificultades de adaptación del alcohólico que deja de beber.

        Intentar coordinar actitudes y sentimientos de la familia para que vayan aparejados con los del enfermo y así puedan estar en la misma línea de actuación.

 

Francisca-Lucia Sánchez Rodríguez

       Asistente Social          .                                               

 

 

ASÍ FUE NUESTRA VIDA

 

EL ALCOHOLISMO ES UNA ENFERMEDAD

 

¿Es usted alcohólico?. Si al despertarse tras dormir una borrachera, siente ganas de seguir bebiendo, si le tiembla el pulso, si siente ansiedad por empezar a beber, si echa en falta ese momento en que usted acostumbra a beber a diario, solo o con sus amigos, es usted un ALCOHOLICO y debe de ir a consultar a un médico o tratar de informarse en una Asociación de alcohólicos rehabilitados, los cuales le indicarán los trámites a seguir para efectuar su curación, dado que usted, por los síntomas que anteceden es un ENFERMO ALCOHÓLICO.

Pero que quede bien claro: EL ALCOGOLISMO es una ENFERMEDAD. Tan específico como una sordera, una gastritis o una tuberculosis. Una enfermedad que es superable en cuanto el enfermo reconozca su mal y trate de superarlo, poniendo en ello su voluntad y un tratamiento médico adecuado.

Tendremos que tener en cuenta, no obstante, que así como el cojo no debe correr, porque además no puede ni debe, el alcohólico si puede beber, pero no debe. A una persona, no enferma, le suele acabar la última copa, a un alcohólico es la primera, la que le abre el camino del Infierno.

Todos los alcohólicos empiezan a beber y no pueden detenerse; han perdido el poder pararse ante el alcohol, la voluntad de decir: ¡No, a mas bebida!, y no cesan de beber, por lo que comienza su autodestrucción.

El alcohólico, en estado de embriaguez, pierde el juicio y su comportamiento es como el de un loco, no porque lo sea, sino porque el alcohol enturbia su mente.

La ENFERMEDAD ALCOHOLICA es para toda la vida. No basta con seguir una cura de desintoxicación, o estar un periodo de tiempo sin beber. El alcohólico debe dejar de beber, en seco, y para siempre.

Sabemos que esto es muy duro de digerir, que resulta casi imposible de asimilar, pero desgraciadamente es así. El enfermo que llega a la dependencia alcohólica, no se inmunizará nunca; estar curado siempre que su abstinencia sea permanente, debiendo dejar la bebida porque es lo que le conviene a su salud física y mental.

El ALCOHOLISMO es una ENFERMEDAD con muy mala prensa; muy cos son conscientes de la verdadera trascendencia de esta enfermedad. Por norma general, el alcohólico, es para los más, un sinvergüenza, un vicioso o un golfo, que un enfermo. Bebe porque quiere o porque le gusta, nunca pensará en que no puede remediarlo, porque necesita el alcohol mas que el alimento o que el mismo aire que respira.

Esto es lo que hay que desterrar, concienciando a la gente que el ALCOHOLISMO es una ENFERMEDAD, que necesita cuidados, comprensión y estímulos.

Tan desprestigiado está este mal, que un hombre que lo padezca puede morirse ante los ojos de las gentes, sin que reciba un solo ademán de auxilio. Hace pocos años, un hombre de ilustre apellido, -Calderón de la Barca-, falleció por falta de asistencia. Otra historia semejante se dio aquí, precisamente en nuestra villa. Un hombre al que las gentes habían visto poco antes bambolearse por la calle, tomó un autobús. Una vez en el vehículo perdió sus facultades y sufrió un desmayo. -¡Es un borracho!- dijeron. Una asistente social trató de ayudarle y los que antes le habían visto por la calle le repitieron: ¡Déjele!, - ¿no ve que es un borracho?.

No es fácil encontrar hombres o mujeres que sufran de esta ENFERMEDAD y quieran hablar de ella, de su caso. Esto lo encontrará en las Asociaciones o grupos de ex-alcohólicos y alcohólicos rehabilitados, donde han hecho de su enfermedad a los demás un auto de fé. Estas personas no dudarán en ofrecerse, sino que además les darán nombres y apellidos .Si es la prensa quien lo requiere, prestarán sus rostros y harán cuanto puedan por ayudar a otros enfermos que necesiten conseguir la abstinencia; en definitiva, harán lo que otros alcohólicos realizaron por ellos. Hoy son felices en su abstinencia, trabajan y se ven rodeados del afecto, tanto de sus familiares como por todos aquellos que han rehecho sus vidas volviendo de aquel Infierno al que bajaron.

Por si algo faltara vayan por delante varias experiencias:

 

LUS SE CONFIESA

 

Yo empecé a beber a los quince años, cuando daba mis primeros pasos en los bailes y fiestas. Con ello inauguraba mi vida de adolescente machista. Veía que otros, mayores que yo, bebían, y esto les hacia tener éxito con las chicas, por lo que traté de imitarles.

No bebía a diario, eran pocas veces, pero en grandes cantidades. El alcohol había empezado a trastornar mi cabeza.

Cuando era pequeño me había peleado con un chico al que di una paliza. Su padre, que era policía, me pegó al enterarse.

Años mas tarde, cuando ya estaba sometido al alcohol, armaba bronca, por un quitame allá esas pajas, - con los guardias que me tropezaba.

Cuando estaba sereno, los veía y nunca tuve problemas con ellos, pero en cuanto tenía unas copas en el cuerpo, y había un jaleo en el que intervenía la policía, allí me metía a dar leña o a que me la dieran a mí, que era lo más frecuente.

El alcohol me ha producido muchos problemas; laborales, familiares y públicos. No sabría decir cuantos juicios de faltas he tenido. A medida que pasaban los años, iba aumentando la cantidad de alcohol que ingería, y la periodicidad cada vez más corta. La puntilla la recibí al morir mi madre, con lo que todos estos problemas se agravaron en forma considerable.

Un día cualquiera mi mujer me convenció de que debía poner término a este estado de cosa; estaba a punto de quedarme sin trabajo, me echaban… Al fin me decidí, tomé dos copas … y adelante; fui al consultorio y me puse en manos del médico. Desde entonces me propuse dejar de beber poniendo todos los medios a mi alcance.

A pesar de ello he tenido dos recaídas gordas en catorce años. En la primera cogí una fenomenal borrachera. Era el santo de mi mujer y tenía a toda la familia en casa reunida para comer. Salí para comprar unos dulces, pero antes me senté en la barra de un bar y estuve tomando unas copas y jugando a los dados, bebiendo hasta perder toda la noción del tiempo. Aparecí en casa dando tumbos, con un tarro de nata en la mano y un melón bajo el brazo. Seguramente me había bebido más de treinta copas de cazalla.

Pero aún así, yo no lo llamaría recaídas. Para mi eran pruebas qua hacía para saber si estaba realmente curado. Después de la segunda comprendí que la solución era no volver a beber.

He pasado pruebas muy difíciles, pero después de superar una me dá animo para la siguiente y así creo que seguiré siempre.

Uno de los peores momentos los pasé en las Cavas de San Sadurní en unas vacaciones; fue muy duro, pero pese a todo, conseguí superarlo.

Otras veces, con mi familia o en el trabajo, me he visto obligado a brindar con champán, pero siempre se lo he cedido a otro para que lo bebiera.

 

ELLA MISMA SE PRESENTA

 

Me llamo Piluca, tengo treinta y nueve años, soy ama de casa y tengo en la actualidad dos hijos de once y quince años. Hace unos años, seis o siete, cuando el pequeño empezó a ir al colegio, me sentí muy sola en la casa, como una máquina que hacía y arreglaba cosas, que luego los míos me descolocaban. Me sentía triste, aburrida y desilusionada.

Debido al carácter de mi marido, seco y poco sociable, no supe o no pude encontrar un campo social más extenso, que me hubiera ocupado esas horas por las que tenía que pasar.

Comprobé que tomándome unos vasitos a media mañana, y otros a media tarde, me encontraba mas contenta y el tiempo se me hacia mas corto.

Así continué, hasta que mi marido notó que las botellas se consumían mas deprisa que de costumbre; me regaño y me dijo que no quería volver a verme bebiendo.

Entonces pensé: Pues la escondo, y así creo empezó mi pequeño alcoholismo, que a los cuatro o cinco años, fue destruyéndome físicamente.

En el fondo pienso que a mi marido le costaba creer que el vino me fuera destruyendo de ese modo, aunque a veces, y con razón, sospechaba que yo seguía bebiendo.

A todo esto, mi ruina física era cada vez mayor; anemia, crisis nerviosas, colesterol alto, principio de diabetes … y sobre todo las noches, noches de muerte … largas, interminables y en las que todo mi deseo era que amaneciera para seguir bebiendo, pues era el único medio de poder seguir cumpliendo con mis obligaciones, (aunque ya no tan bien como hubiera deseado).

Mi marido ya sabía que bebía, pues me había visto botellas escondidas, pero me perdonaba, aunque y no dejaba de beber. La cantidad no era mucha, en  proporción a otros enfermos alcohólicos, -yo entonces ignoraba que lo fuera-, dado que no solía pasar de dos litros, pero mas que suficiente para mi organismo enfermo, que no admitía ningún tipo de alimento.

En el mes de Julio del 76, cansado de llorar, rezar y pedir ayuda a la Virgen, me confesé a mi marido. Consultamos con el médico y me mandó al Hospital Psiquiátrico Alonso Vega. Nada mas reconocerme y en ese mismo instante me ingresaron. Estuve quince días que no olvidaré nunca. El día veintiuno, de este mes, salí con la promesa de ser una buena chica y no volver a beber, por entender el daño que tanto a los míos como a mí puede hacernos.

En esta época nos fuimos de vacaciones, y al volver y encontrarme con mi veda normal, no supe reaccionar y en una de esas depresiones características en mí, comencé a beber de nuevo hasta consumir otra vez la cantidad que he dicho antes.

En el mes de Octubre mi marido se accidentó; yo seguía bebiendo, pero con dificultades, al estar él en casa, y continuamente vigilándome. El día 26 de Noviembre, arreglando la plancha, que se había estropeado, observó que mi pulso era fatal. Solamente me dijo: ¿Otra vez Piluca?. Sí, he vuelto a caer. Te juro que lo había intentado todo, pero el alcohol ere más fuerte que yo.

Mis súplicas fueron oídas. Nos dieron por teléfono la dirección de la Asociación de Ex-alcohólicos, fuimos, hablé de todo cuanto me pasaba, en fin, que me desahogué cuanto pude.

Me comprendieron, y fortalecieron mi voluntad, que unida a la de ellos, es lo suficientemente fuerte para ayudarme.

Alguna vez recaí, pero no le tengo miedo; me siento con fortaleza suficiente, y estoy convencida de que venceré con la ayuda de Dios, de mi marido y mis amigos de la Asociación.

 

RAFAEL HABLA UNA VEZ MAS

 

Rafael es otro miembro de la Asociación de Ex-alcohólicos. Su historia ha sido contada a todos los niveles, prensa, radio y televisión. A continuación damos un resumen de sus vivencias:

Yo comencé tomando unas cañas los sábados con los amigos, y terminé conociendo la altura en centímetros de todas las barras de los bares, y el precio de las garrafas de coñac que se vendían en Madrid.

El abuso de la cerveza me llevó a la embriaguez en muchas ocasiones. Era experto en toda clase de borracheras.

El alcohólico, llega a la dependencia no importa con que bebida. Su voluntad frente al alcohol es nula. Mi veda, en ocasiones, llegó a ser una melopea continua. Por la mañana me tomaba de diez a quince copas de cazalla antes del desayuno. Luego con el bocadillo o lo que fuera, porque lo único que no hacía era comer, me tomaba medio litro de vino o mas si se terciaba, y claro, así no había quién trabajase.

Perdí la colocación de corredor de comercio, y a los veintidós años ya me temblaba estrepitosamente el pulso, y tenía que buscar bares y tabernas que tuvieran la barra bien alta, pera así apoyarme y poder beber sin que se me notase la tembladera.

Me ha costado mucho retirarme del alcohol, pues yo bebía por gusto, por apetencia. Aunque no me han faltado momentos difíciles, las cosas han cambiado y ahora soy administrativo en una empresa de librería.

El problema de los ex-alcohólicos es su reintegración a la sociedad. Para aliviar esa situación, se creó la Asociación, y de los resultados no podemos quejarnos.

Aquí nos hacemos compañía, nos creamos nuevas amistades, se puede venir todos los días y alternar con otros alcohólicos. La Asociación tiene toda clase de juegos de salón, se escucha la radio, se vé la televisión, se lee … y en definitiva, se olvida la taberna. También organizamos excursiones con nuestras familias, realizamos terapia de grupo tanto para alcohólicos como para los familiares.

No obstante, lo más triste, es que la sociedad no calibra lo que estas Asociaciones representan, cara al problema del enfermo alcohólico.

¿Cuántos de estos grupos se habrán hundido por falta de medios económicos?

El día que un agua mineral, consiga hacer una publicidad competitiva en estímulos, al de las bebidas alcohólicas, habremos dado un gran paso.

 

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Aunque no le interese, no tire usted este boletín. Hágalo llegar a quien le pueda ser útil por ignorar las fatales consecuencias del consumo abusivo del alcohol. Al cederlo a una entidad colectiva, (sociedades, colegios, bibliotecas de barriadas, etc.) contribuye usted a la lucha contra el problema social que supone el ALCOHOLISMO.

 

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CORREO DE LOS LECTORES

 

Sr. Presidente de la Asociación de Ex–alcohólicos Españoles.

Recibí el boletín nº 1 de la Asociación; lo encuentro muy distraído y ameno, creo además que muy útil para todos cuantos sufren la enfermedad alcohólica, así como para los familiares de estos enfermos.

Todos los artículos en él publicados son interesantes, de los que cabe destacar los titulados “Mi lucha con el alcohol”, “Así fue mi vida con …”, “Voluntad y curación” y “Atención social y familiar”. Los restantes los he leído también con mucho agrado.

Es lástima que este número no haya pasado por las manos de un buen corrector, lo que hubiera evitado los cuatro o seis “gazapos” en él deslizados, aunque supongo que no todos los que escriben, son profesionales de la pluma.

Con todo ello, mi felicitación más efusiva y que sigan este camino de ayuda a erradicar el alcoholismo o al menos paliarlo en lo que sea posible.

Con todo el afecto – J. R. Socio Protector nº 130

 

Sra. Dª. J. R.

Agradecemos en todo lo que vale su parecer sobre nuestro boletín. Nos damos cuenta que nuestro esfuerzo no ha sido inútil ya que vemos por cuanto nos indica, que lo ha leído con atención.

En los próximos números trataremos de esmerarnos y no ser “aprendices de periodistas” en lo referente a “gazapos” o faltas de ortografía, que es lo que en su carta nos trata de descubrir. Con todo ello y sin molestarnos, le agradecemos su comunicación, ya que fue la primera que recibimos sobre nuestro boletín.

Con nuestro reconocimiento.

 

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De Luchana Baracaldo recibimos la comunicación siguiente.

 

Estimados compañeros de Madrid:

Un saludo de mi parte para todos. Os doy gracias por vuestro boletín y ante todo seguir adelante procurando mentalizar a nuestro mundo de lo que es el alcohol. Nosotros lo sabemos bien.

Nuestro mundo o sociedad quiere ignorar este problema y a cuenta de esta ignorancia se vé y se palpa la tragedia alcohólica o todos los niveles.

Como podéis ver en este escrito que os mando, los alcohólicos, al observar este mundo podrido y corrompido por la droga y el alcohol, se refugian en el mundo de la mística, donde solo un Dios comprensivo los salve y los comprenda.

Nadie más que él los puede salvar, pues el mundo material que los rodea, antes los mata. Y si no se defendieran ante Dios, como el alcohólico lo comprende, serían una y otra vez derrotados por la cultura alcohólica que nos rodea masivamente, y es a la única cultura que tiene acceso nuestra flamante sociedad. Un saludo de vuestro compañero.

José Gómez.

 

Estimado amigo:

Compartimos en todo tus puntos de vista sobre la cuestión alcohólica.

Agradeciéndote la atención que tuviste en escribirnos recibes el afecto de tus amigos de A.E.E. de Madrid.

 

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De F. socio nº 176. Madrid

 

Querido Rafael:

Al fin veo que se han hecho realidad tus deseos de que la Asociación tuviera un órgano donde expresar los afanes de todos para hacer mas efectiva la lucha contra el alcoholismo.

Os felicito de todo corazón a cuantos habéis hecho posible esta realidad. Por mi parte siento no haber contribuido a ello, pero te prometo que para un próximo número enviaré unas cuartillas en las que amparándome en el anónimo, contaré toda mi vida de alcohólico y de no alcohólico, pues tu sabes bien que lo de “ex” no fue nunca de mi predilección. El alcohólico es así mientras viva, aunque discrepe de alguno de vosotros.

 

Querido F.:

Al fin hemos tenido en directo noticias tuyas, cosa que nos alegra y nos llena de satisfacción.

Referente al envío de tu vivencia (en el alcohol), la espero con mucho interés, máxime sabiendo que tu existencia en aquellos tiempos no era digna de ser imitada. Ahora bien, te rogaría que para completarla describieran como te adaptaste a tu nueva situación. Yo lo sé, pero me gustaría que fueras tú el que lo hiciera.

Un abrazo de tu amigo, Rafael.

 

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Queridos amigos:

Recibí con gran alegría el boletín que habéis editado. Se ve que la Asociación avanza cada día mas en sus logros, ya que editar una publicación dedicada al alcoholismo es una meta importantísima para todos.

Quien os iba a decir cuando empezasteis en la calle Lope de Vega, que se iba a conseguir tener un hogar con ciertas comodidades, salines en que se pueden reunir, tanto enfermos, como familiares, biblioteca, sala de visitas, etc.

Y conste que yo estoy hablando por referencias vuestras, puesto que yo no conozco el nuevo local en que os habéis instalado, ya que estuve solo un par de veces cuando la Sociedad estaba aún en el tercer piso. No obstante, cuando tenga un rato libre os prometo ir a felicitaros personalmente y a conocer las nuevas instalaciones.

Un abrazo para todos de, Antonio I. Socio Protector nº 2.

 

Cuando quieras, aquí nos tienes con los brazos abiertos, agradecidos a todos cuantos nos alientan y nos dan ánimos. Tu que fuiste uno de los pioneros-protectores, serán recibido con todos los honores por cuantos formamos la primera promoción así, como por todos aquellos que tu no conoces, y que tanto cooperan, en la buena marcha de esta asociación y a la ayuda moral a los enfermos.

Con recuerdos de todos y un saludo de A.E.E.

 

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Estimados señores:

Por mediación de un amigo, socio protector de A.E.E. ha llegado a mí un boletín editado por la misma. Lo he leído con mucha atención y he visto que los que beben en demasía y no pueden dejar de hacerlo, si se ponen en tratamiento, pueden curarse.

Yo tengo un hermano que bebe mucho en casa, y cuando llega tarde hasta él mismo reconoce que está borracho. Es muy bueno y no nos dá el menor disgusto, pues cuando está así se acuesta y hasta por la mañana en que vuelve a empezar.

El quiere que le vea un médico pero dice que le da vergüenza el llegar y decir “soy un borracho”, cree que se van a reir de él, y que lo van a tratar de vicioso y sinvergüenza o algo peor. Ustedes que parece que tienen mucha experiencia en esto, ¿qué me aconsejan que haga?.

Con mi agradecimiento C.C.

 

Muy Sra. Nuestra:

La Directiva de esta asociación tiene la satisfacción de agradecerle la confianza que ha puesto en nosotros para tratar de remediar el caso que nos consulta.

A su hermano no le debe dar vergüenza de nada, porque lo que tiene es una enfermedad que todos los médicos conocen. Ni se van a reir de él, ni le van a llamar borracho. Si tiene voluntad de curarse le pondrán en tratamiento, y si lo sigue correctamente podrá considerarse curado. Si tienen ocasión de venir por Madrid en la dirección que figura en el boletín, a partir de las ocho de la tarde se les atenderá, indicándoles, todo cuanto esté a nuestro alcance en lo referente al caso que nos ocupa.

A sus pies Sra. Con un saludo de A.E.E.

 

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A.A. también nos ha enviado dos cartas. La primera es de Avilés con las siglas A.A.O.N.S.G. y dice lo siguiente:

 

Querido amigo:

La presente es para comunicarte, que por la antigua dirección postal de la O.N.S. de A.A. nos ha sido remitida la revista o boletín informativo recién editado por la sociedad que tan positivamente presides.

En primer lugar deseo felicitarte por tan importante logro, ya que ello supondrá una mayor divulgación de nuestro problema común y redundará en beneficio de aquellos alcohólicos y familiares que necesiten apoyo para la solución de su problema alcohólico.

Después de leer detenidamente todo lo expuesto en dicho boletín no cabe mas, que rogarte traslades mi felicitación a toda la Asociación que presides y particularmente a las personas que firman los artículos y comentarios.

Haciendo uso del derecho a crítica que apuntas en el editorial firmado por ti, crítica que trata de ser constructiva, me permito rogarte la posibilidad de que en futuras ediciones y en la relación de grupos que figuran en dicho boletín, al final del mismo, no se incluyan, como Delegado Nacional; y una de mis principales funciones es el de que las Tradiciones que sirven de guía a los A.A. se cumplan en toda su extensión y Espíritu, y una de ellas nos sugiere que el nombre de A.A. nunca será ligado al de otras asociaciones.

Sé que en tu animo está el de colaborar y por eso apelo a tu probada comprensión buena voluntad, haciéndote saber que la mejor manera de colaborar es cumplir con el ruego que encarecidamente te hago mas arriba.

Sin más por la presente, que desearte sigas cosechando éxitos y progresos en la misión que te has impuesto, rogándote trasmitas un saludo a tu esposa, recibes el aprecio y amistad de tu servidor. Firmado José Antonio.

 

Otra carta, mas corta, pero en síntesis parecida a la anterior, ha sido recibida de un intergrupo, también da Avilés. La firma. José.

Efectivamente, en ala ante-contraportada de nuestro boletín, están las direcciones de todos los grupos de alcohólicos que figuran en nuestro archivo. Fueron insertados por creer que con ello cooperábamos a la común lucha contra el alcoholismo.

Esto parece muy natural, dado que nosotros no estamos muy al tanto de los reglamentos por los que se rige A.A. y con ello creíamos cooperar a un ideal común. Pero no es así. Una de las tradiciones de A.A. dice algo que lo impide.

“NO AFILIACIÓN”.- Un grupo A.A. nunca debe respaldar, financiar o prestar el nombre de A.A. a ninguna entidad allegada a empresa ajena para evitar que problemas de dinero, propiedad y prestigio nos desvíen de nuestros objetivos primordiales.

Por todo ello y hasta que esto sea aclarado, no insertaremos en nuestro boletín las direcciones de Alcohólicos Anónimos.

No obstante, si esto que acontece es una falsa alarma, y no hubiera grandes impedimentos, aquí está nuestro boletín para anotar cuantas direcciones fueran necesarias en pro de la cooperación a la lucha contra el alcoholismo.